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El Gobierno Federal y la “neolengua”

“Lo que no puedes ni ver… en tu casa lo has de tener”

¿Qué habría pensado George Orwell si hubiera podido darse cuenta de las similitudes de las sociedades capitalistas con la sociedad de su novela, 1984?

Lo digo porque las tres máximas del Partido me hacen pensar, necesariamente, en México:

  1. La guerra es la paz. ¿No es acaso el argumento por medio del cual Calderón ha tratado de convencernos de que es sólo por medio de esta guerra que ha arrojado, por lo menos, 50 000 muertos que lograremos la tan ansiada paz social?, aunque nadie sepa con claridad cómo es que eso ha de ocurrir.
  2. La esclavitud es la libertad.  Lo que me hace pensar en la “libertad capitalista” que tan sólo consiste en tener la libertad de decidir si uno quiere morir de hambre por no trabajar o si quiere morir de hambre con la pequeña ventaja de poder elegir en qué trabajo nos esclavizaremos, mientras, igual, morimos de hambre.

Es evidente que con esta frase Orwell intentó hacer una fuerte crítica a la URSS, para la que, como para cualquier sistema socialista, la libertad no es sinónimo de libertinaje, sino de reconocer las necesidades sociales y determinar los actos individuales de acuerdo con esas necesidades, lo que, es entendible, escandalizó la moral pequeño burguesa y burguesa que cree que, por el hecho de acumular todo el dinero del mundo, pueden hacer lo que “se les hinche su gana”, diría mi abuela.

  1. La ignorancia es la sabiduría. ¿Cómo les quedó el ojo? Resulta que, aunque nosotros lo ignoráramos (lo que nos hace muy sabios), las reformas a la educación que ha promovido la SEP no buscan hacer imbéciles a los niños, sino aumentar su sabiduría… y nosotros tan mal pensados.

Es increíble ver como todo aquello que les escandalizó de las sociedades socialistas a los nobles capitalistas se encuentra exacerbado en sus sociedades. Aún más inverosímil me parece que el lector crítico no soporte la sociedad de 1984, aunque sea capaz de tolerar, en la vida real, la sociedad actual.

Esta mañana me acordé de la obra de Orwell luego de haber decidido ponerme una blusa café que hiciera juego con mi pantalón del mismo color. Segundos después temí ser “esfumada” por el Ministerio de la Verdad, pues había cometido una falta a la neolengua que desean imponernos: tal vez debí haber dicho que escogería una blusa “cafá” para mi pantalón café.  Supongo que el uso sexista de la lengua es un crimen grave, así que, para reivindicarme, escribí esta nota por la madrugada.

No cabe duda de que el Gobierno Federal leyó a Orwell, y lo que es peor: se convenció de los principios de la neolengua, que parten del principio, errado en absoluto, de que el discurso es praxis.

Según los personajes, doctos en neolengua, de la novela, si una palabra no existe, no podrá ser pensada o practicada por quienes no la hablan. Es cierto que el lenguaje es el vehículo del pensamiento, pero eso no quiere decir que, si no hay una palabra, no podamos pensar en su concepto (por ejemplo, los sordomudos pueden construir conceptos mentales). Total que a Calderón lo convenció el argumentito (que no es más que puro sentido común exacerbado ante la necesidad de criticar a Stalin), de ahí que supusiera que bastaba con que eliminara la palabra guerra de su discurso para evitar que fuera criticado. ¡Como si el lenguaje no fuera, además de una práctica social, un reflejo de la realidad, y no al revés!

Resulta, señoras y “señoros”, que si usted y yo evitamos reproducir expresiones sexistas y machistas en el lenguaje, esta sociedad será mágicamente trans-for-ma-da. Se acabará el machismo como práctica social por el simple hecho de decir jueza en lugar de la juez; dejarán de cometer feminicidios, si evitamos esa horrible expresión de “le presento a mi mujer”; dejarán de encarcelar mujeres por haber abortado tan sólo por el hecho de que usted diga amigas y amigos, periodistas y “periodistos”, miembros y “miembras”…

Resulta ser, hasta donde la lingüística ha podido averiguar, que cambiar el lenguaje no cambia la realidad. Muchas sociedades han creado eufemismos para referirse a una serie de cosas, sentimientos, prácticas, actitudes, hechos, etc, que son tabú. Que digamos “estiró la pata”, en lugar de se murió, no cambia el hecho: la gente igual se muere. Que digamos personas en plenitud no cambia el hecho: igual los viejos siguen siendo vilipendiados y arrojados a las calles como resultado de un sistema económico para el que toda persona no activa económicamente es un estorbo. Que digamos lucha por la seguridad o guerra contra el narco no cambia las cifras de muertos.

El lenguaje cambia por sí mismo si las prácticas sociales y la realidad concreta cambian, no al revés. Pero, seguramente, a muy pocos se nos ocurre la “estúpida” idea de transformar las prácticas reales en lugar del lenguaje.

Pero, si no logro convencerlo, o si logro convencerlo y aún teme cometer un crimen lingüístico por no incluir a ambos sexos (lo que, evidentemente, es más grave que permitir que, en la práctica, ocurran los feminicidios), por favor, por amor de Dios y de Diosa evite los siguientes errores.

a)      Evite hacer este tipo de abreviaciones, que son una aportación de Fox al mundo:

Las y los mexicanos

Ya que en realidad, ahí lo que dice es las mexicanos y los mexicanos, lo que, evidentemente, implica un grave error de concordancia.

b)      Evite, a toda costa (y a todo costo), tratar de aplicar el género femenino a palabras que, en realidad, son de género neutro (herencia de los latinos). Es incorrecto decir jefa, ya que jefe, por su terminación en e indica género neutro, por lo que se puede aplicar a ambos géneros sin que eso implique ignorar a uno de ambos. Lo mismo ocurre con juez, estudiante, detective y una larga lista de palabras.

c)      Evite ponerse a favor del Gobierno Federal al pensar que expresiones como mi mujer, mi chaparrita, mi hermana… son sexistas. En el español, sobre todo en el de México, este tipo de posesivo indica cercanía y cariño, no posesión material y mucho menos sexismo. O sea equitativo (ya que está de moda) y deje de decir mi esposo, mi hijo, etc.

d)     Reflexione seriamente sobre el hecho de que las mujeres tengan (si seguimos aplaudiendo políticas estúpidas, que no llevan a ningún lado más, que a crear una “careta” de democracia y respeto que no existe) que decir mi “parejo” (en lugar de mi pareja) o que los hombres se molesten porque humanidad no contempla su género (así como los hombres, como genérico, no contempla a las mujeres).

No cabe duda de que la sabiduría popular se impone: bien se lo hubiera dicho mi abuela a Orwell, si lo hubiera conocido; luego de un té aromático le habría sentenciado: lo que no puedes ni ver, en tu casa lo has de tener.

Bibliografía

Orwell, George, 1984, Destino: Barcelona, 2009.

Manual para el uso no sexista del lenguaje

 

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