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Agachaditos, cachos y pungos: homenaje lingüístico al Ecuador

Apenas sale uno del Aeropuerto “Mariscal Sucre”, el Pichincha se impone por su hermosura y grandeza. Recuerdas entonces que estás en la tierra de la lengua quichua y que el español de México ha quedado lejos: a través de la comida, la vida cotidiana y el paisaje la riqueza lingüística del lugar se muestra con un esplendor semejante al del Pichincha.

Basta caminar por las calles para contemplar las hermosas figuras de tagua que se transforman en tortugas, ranas y patos; mientras la riqueza gastronómica se despliega en los agachaditos (puestos de comida, que han sido llamados así porque para comer en ellos deben agacharte para mantener la cabeza debajo del techo de lámina): el choclo, las chugchucaras, el moloco, el sancocho y el cuy a la brasa (cuyos) pueden ser aderezados por el ají.

La chacha, el canelazo y el pájaro azul degustan la lengua de aquellos que no pueden resistirse ante las bebidas alcohólicas.

En los pungos los indígenas de las diversos pueblos pueden pasar algunas tardes contando cachos blancos y rojos (chistes) mientras pican platos repletos de habas cocidas y choclo con queso.

Cuando el Inti raini (fiesta del sol o las cosechas) rompe la dinámica de la vida cotidiana, se recuerda el sentido de la chacana  y el pachekutik. Los cantones se preparar para rebosar comida y bebida.

En el Ecuador cualquier cosa que funcione como pinza o clip, es llamada pincho; los niños advierten a sus madres que necesitan un baño urgente con la palabra pischo (equivalente a pipí).

La cortesía, al igual que en el español de México está atravesada por el uso de diminutivos y el alargamiento de la frase por medio de la cual se solicita un favor, pero en Ecuador se agrega un fenómeno: el uso del gerundio: “Me pasas dando la sal por favorcito” “Me ayudas diciendo con la tareita”.

Para referirse a la gente, el fenómeno que encontramos en las clases populares mexicanos de referirse a la gente con algún artículo (“El memo”) se replica en todo nivel socio económico: “Vino la Rosa a contarnos dónde había andado el Pérez”

Por cierto, una visita y la convivencia con la gente me permitió entender un fenómeno lingüístico del que no da cuenta el DRAE: la palabra guacho (que en grandes regiones de México designa a los militares) ha sido explicada, en su origen, como proveniente de la lengua quichua, lo que es correcto. No obstante en el diccionario explican que guacho se heredó de la palabra guauktcho con la que en quichua se designa al niño huérfano. Esto me había hecho pensar que se llamaba así al militar por caracterizarlo como aquel que no tiene madre (lo que parece lógico), sin embargo los ecuatorianos me han sacado de mi error: guacho, palabra que designa a los militares se derivo de la palabra guacho con la que se designa al surco que se hace sobre la tierra en la siembra: los militares son guachos puesto que al formarse semejan los surcos de la tierra.