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Ahhh qué maestros los del CCH Vallejo

Hace pocos días me encontré un video que aborda la problemática que se ha suscitado en el plantel CCH Vallejo. Es cierto que el título del video, hecho por los propios estudiantes, contiene algunos errores, ya que no pone acento en las palabras últimos y días, además de usar indistintamente mayúsculas y minúsculas. Asimismo, es posible encontrar algunos errorcillos en la narración de los alumnos… pero ¿qué se puede esperar de los alumnos si los maestros comenten errores aún más graves?

Por ejemplo, entre el lapso del video que va del minuto  1:40 al 2:10, uno de los maestros se atreve a aseverar que alguien más debe grabar al compañero que está grabando “para que sea retroactivo”. Dudo mucho que el maestro conozca el significado de la palabra retroactivo, que implica que un hecho obra sobre lo pasado. Seguramente el maestro deseaba expresar que los hechos fueran recíprocos. Líbrenos el señor de descubrir si este es el flamante maestro de español o redacción de los alumnos del CCH.

Enseguida podemos corroborar que a los maestros también les vendrían bien unas clases de lógica, no sólo para darle coherencia a su discurso, sino para que tengan coherencia en su actuar, ya que -no se a ustedes- a mí me parece completamente contradictorio que un maestro convencido (tal y como lo afirma en los minutos 4:19-4:22) de que “no se puede dar espacio a toda la gente” participe, como él mismo afirma, en el MAES (Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior), un movimiento que lucha contra la lógica de las autoridades de no darle espacio a todos los aspirantes.

Habría también que recuperar las olvidadas clases de retórica para que los maestros distinguieran una conclusión de una invitación y de una propuesta. Pues como se puede apreciar en el lapso que va del minuto 4:50 al 5:00 la diferencia no es clara para todos los profesores.

Por último qué tal con la nueva subclasificación de ninis que otro profesor nos ofrece en el minuto 17:33, cuando afirma que “no queremos ninis universitarios”. Yo entiendo que nini sea una palabra reciente, pero me parece imposible que el maestro no comprenda que, si nini es la palabra con la que se define al joven que ni estudia ni trabaja, pueda haber ninis universitarios.

Aún más grave que la evidente falta de preparación de algunos maestros es el hecho de notar que la dinámica de control social que el Estado Federal ha aplicado en contra de las organizaciones sociales haga una aparición sólida en las universidades. Me refiero al viejo cuento chino de fingir una confrontación entre un mismo grupo para atacar a la población organizada: lo mismo ocurrió en la última embestida de las autoridades de la FFyL por recuperar el auditorio Ché Guevara. Una cosa es cierta: las autoridades han notado una cosa; existen varios grupos que, con bandera de trabajo político, se han acomodado y viven de los changarros que acomodan en las diversas escuelas de la UNAM. Pero esto no quiere decir que todos los grupos que tienen algún proyecto económico vivan de él, por el contrario existen grupos que, por medio de este tipo de proyectos, mantienen el trabajo político que hacen.

A las autoridades les viene bien generalizar a todos y mostrar a los activistas como unos vividores; después articulan a sus grupos cercanos para fingir una confrontación de gente de la comunidad contra los grupos organizados que les son incómodos…

Esta es una política que atacará con todas sus fuerzas a muchas de las gentes que de manera organizada mantienen trabajo político. Siempre habrá un grupo de “tontos útiles” que se preste a desprestigiar a la gente que sí trabaja, no obstante a cambio tendrán que asumir la responsabilidad que tienen por coadyuvar (con o sin intención) a atacar y permitir que, sin ningún costo político, las autoridades desarticulen al movimiento estudiantil. Por eso, ahora más que nunca nuestra capacidad de análisis y reflexión debe estar alerta.

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Para cerrar con broche de oro: La despedida de Poiré

 

Como tal vez muchos ya sepan Alejandro Poiré se retira de su cargo como Vocero en Materia de Seguridad para asumir el cargo de Director del CISEN.

Como si no hubiera sido suficiente con la serie de mentiras y verdades a medias que difundió mientras sostuvo ese cargo, el día de hoy, en su discurso de despedida afirmó:

“En la tarea, señor Presidente, bajo su mandato y su guía, dimos espacio a una instancia novedosa de comunicación permanente y con la sociedad. En ella, contamos con la apertura, el respaldo y la crítica de medios de comunicación, analistas, reporteros, comunicadores y ciudadanos interesados.”

Para todos aquellos que lo hayan olvidado, la comunicación implica, necesariamente un emisor y un receptor. También implica un proceso de reciprocidad en el que quien era hablante se vuelve oyente. No obstante si ustedes revisan, Alejandro Poiré inauguró una forma de comunicación en la que la principal característica es el monólogo:

En su blog, en un principio, ni siquiera existía la posibilidad de dejar comentarios; después esta opción fue agregada, pero de ninguna manera se pueden observar otros comentarios. ¿A eso le llamamos comunicación?  Yo he leído y escuchado al señor Poiré,  incluso he criticado y respondido algunos de sus planteamientos, pero nunca me he comunicado con él.

Llamar instancia novedosa de comunicación al uso de tecnologías que desde hace tiempo se utilizan me parece, sinceramente, un discurso ramplón y hueco. Además, el señor Poiré olvida que la mayor parte de nuestra sociedad no tiene acceso al internet, así que su comunicación… en realidad está dirigida tan sólo a una parte de la sociedad.

Por último dónde podemos consultar las críticas de los medios de comunicación, analistas y ciudadanos interesados que tanto aprendizaje brindaron al señor Alejandro Poiré.

Lo que es cierto es que en el trabajo de Poiré pudimos observar la política discursiva del Estado para justificar la guerra que ha desatado en contra de toda la sociedad: para convencernos de que su idea de seguridad y bienestar es la correcta, pero como el sol no puede taparse con un dedo… aún quedan quienes ven que existen muchas anomalías e inconsistencias en la supuesta lucha por la seguridad.

 

“Para matar seis mitos de un tiro” Las mentiras del señor Poiré

En el periodo que abarca de principios de julio a mitad de agosto, Alejandro Poiré publicó en su blog de presidencia seis mitos más (para completar una entrega de diez) que se han creado con respecto a la lucha por la seguridad o guerra contra el narcotráfico. Es necesario advertir que la calidad argumentativa de cada uno de estos mitos deja mucho que desear, no obstante es necesario contestar a ellos, para mostrar nuevamente el uso sistemático de la mentira y el oportunismo discursivo del Estado mexicano.

El quinto mito, de acuerdo con el señor Poiré, es que “El Gobierno Federal favorece a Joaquín “El Chapo” Guzmán y al grupo criminal del Pacífico”. Por segunda vez, el vocero en materia de seguridad tiene razón: el mito es que el Gobierno Federal favorezca al cartel de “El Chapo” Guzmán; la verdad es que no sólo lo favorece, sino que las ligas y lazos que hermanan a importantes figuras del gobierno federal con gente del cártel del Pacífico han obligado a que el Gobierno Federal utilice a las fuerzas armadas para combatir a los cárteles enemigos con el afán de dejar en manos de un solo dueño el inconmensurable negocio de lo ilegal.

Como bien afirma el señor Poiré “Beneficiar a cualquier grupo delictivo, directa o indirectamente, significaría permitir que sus actividades ilegales y violentas queden impunes en detrimento de nuestras familias” que es exactamente lo que el Estado ha hecho con una serie larga de los delitos más graves que ha cometido “El Chapo” Guzmán, lo que explica que, a la fecha, los altos mandos que se vieron involucrados en su fuga de un penal de máxima seguridad sigan libres y sigan, también, vinculados con el cartel.

Para dar “peso” a su argumentación el vocero de seguridad afirma que el cartel del Pacífico ha sufrido grandes golpes  desde la llegada de la administración de Calderón y ejemplifica “Entre los liderazgos fundacionales que han caído destacan Jesús Zambada García, “El Rey”, Vicente Zambada Niebla “El Vicentillo” e Ignacio Coronel Villarreal “Nacho Coronel”. Por otra parte, las detenciones de Teodoro García Simental “El Teo” y José Manuel García Simental “El Chiquilín”, significaron golpes decisivos a la expansión del grupo delictivo del Pacífico en el estado de Baja California. Asimismo, las capturas de varios integrantes de la familia Nava Valencia y del sucesor de “Nacho Coronel”, Martín Beltrán Coronel “El Águila”, debilitaron la posibilidad de una reconstrucción de la organización del Pacífico en los estados de Jalisco, Nayarit y Colima”.

Lo que no explica Poiré es que cada uno de los ejemplos que ha dado son, ni más ni menos, que gente que, efectivamente, trabajó por largo tiempo con el “Chapo” Guzmán, pero que cuando decidió independizarse de su jefazo fueron tildados de traidores y perseguidos por el mismo cartel del pacífico. Lo curioso y sospechoso es que el Gobierno Federal sea tan eficiente para detener, acribillar y eliminar a los enemigos del cartel al que según ellos no favorecen.

¿No me cree’ Dedíquese una tarde a leer las últimas páginas del libro de Anabel Hernández, Los señores del Narco, en ellos enc ontrará la historia de cada uno de los nombre de los que Poiré habla y comprobará que la historia de estos personajes y las turbulentas relaciones que establecieron  con el actual gobierno federal están documentadas.

Sexto mito “Esta lucha es sólo del Presidente Calderón”

Este mito, más que ser un mito parece un chiste barato del señor Poiré, en el que apela, para destruir una de las consignas que enarboló parte de la población descontenta (“No queremos esta guerra”, “Alto a la guerra de Calderón”), a un ultracorreccionismo lingüístico que raya en lo absurdo. Al igual que el pedante que cuando pedimos un vaso de agua nos advierte “te daré uno con agua, porque no tengo vasos de agua” debido a que ignora que es correcto utilizar la preposición de para generar partitivos genitivos con los que indicamos porciones de alimentos y líquidos; de esa misma manera el señor Poiré hace gala de su pedantería y nos dice: “Es una falacia que el Presidente de México haya actuado solo en la decisión de emprender la lucha por la Seguridad”. ¡Cuánta chocantería hay detrás de estas palabras: ya sabemos que la guerra no es sólo de Calderón, pero como sería demasiado largo poner el nombre de todos aquellos que represantan la clase burguesa en el país, hemos optado por el recurso de referirnos a la guerra de Calderón, donde la palabra Calderón no hace sino simbolizar todo aquello que simboliza la imagen del Presidente en la nación: al Estado en su totalidad, a los empresarios, ricachones o burgueses a quienes les conviene esta guerra. Aceptamos que es este un recurso de generalización, pero no puede ser más tramposo que el del propio Calderón quien se atreve a afirmar que todo México (excepto los delincuentes) están de acuerdo con su estrategia de lucha por la seguirdad; también se atreve a generalizar que en los diálogos por la seguridad la raquítica representación de la sociedad civil habló en nombre de todo México.

Disculpe señor Poiré, esas sí son falacias por generalización, la otra es una frase hecha cuyo carácter lingüístico apela no a un argumento falso sino a un recurso simbólico.

Por cierto, dos cosas: la primera de orden semántico, ya que Poiré afirma que “En una democracia como la nuestra, las acciones del Ejecutivo Federal están orientadas a resolver las demandas y expectativas ciudadanas, así como a afrontar los retos que como nación enfrentamos con base en el principio de responsabilidad compartida con los demás poderes y órdenes de gobierno.” Le aclaro al lector que la democracia nunca en su larga vida como palabra ha significado que para resolver las demandas populares el ejecutivo haga lo que se le pegue la gana ni mate a miles de personas, es decir nada más lejano a democracia que aquellas acciones que dizque para resolver las demandas populares benefician a la clase que ostenta el poder.

Y segundo, tal vez el señor Poiré ignore que la palabra presidente tan sólo se escribe con mayúsculas cuando refiere al presidente actual sin que se haga mención de su nombre, así por ejemplo es correcto escribir “El Presidente niega su responsabilidad en el grado de violencia que se ha generado en el país”, ya que como todos saben nos referimos a Felipe Calderón Hinojosa, de la misma manera es correcto decir “El presidente Calderón Hinojosa niega su responsabilidad en el grado de violencia que se ha generado en el país”, pero lo que no es correcto es escribir, como el señor Poiré, “Esta lucha es solamente del Presidente Calderón”. Es este un error grave ya que denota la incapacidad de diferenciar un sustantivo con función plena de uno con función determinativa, lo que incluso el señor Poiré habría aprendido si las reformas en materia de educación no estuvieran dirigidas a convertidos en completos imbéciles.

Séptimo mito  “Es una lucha con la que nadie está de acuerdo”

No se cansa este señor de hacer trampa: nadie ha dicho que sea una lucha con la que nadie está de acuerdo, es más ni siquiera hemos afirmado que sea una guerra con la que nadie está de acuerdo, ya que al menos Calderón y toda la clase a la que representa debe de estarlo (si no ¿para qué la habrían echado a andar?, tampoco es que seamos tan mensos, señor Poiré).

Lo que hemos afirmado es que la estrategia de seguridad del presidente Calderón encarna una guerra con la que está de acuerdo tanto el Estado como la clase en el poder, dicha guerra ha sido diseñada para atacar al pueblo y defender los intereses del capital. Así que no mienta: al tratar de frenar la guerra de Calderón tratamos de frenar una estrategia de una clase que evidentemente está de acuerdo con dicha estrategia, como usted mismo lo ha ejemplificado:

“Distintos líderes sociales se han unido, desde una perspectiva crítica, a la lucha por este anhelo de todos. Algunos de ellos inclusive han sido víctimas de la violencia criminal, como la señora Isabel Miranda de Wallace. Su exigencia de justicia ha sido una motivación permanente para que todas las autoridades demos cumplimiento a nuestras obligaciones.

Líderes empresariales, como el señor Juan Manuel Hernández Niebla, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) en Tijuana, ha reconocido la reducción de la violencia en el municipio, como resultado de la coordinación entre gobiernos federal, estatal y municipal, así como con la sociedad civil. Como resultado de una lucha que todos, ciudadanos y autoridades, han hecho suya. De la que iniciativas sociales como “Tijuana Innovadora”  han dignificado la vida comunitaria.

Asimismo, la Cámara de Industria de Transformación (CAINTRA) y el Consejo Cívico de Instituciones de Nuevo León (CCINLACC)  están convencidos de combatir la criminalidad, fortalecer la denuncia ciudadana y la presencia de la autoridad federal. Una de sus principales exigencias es que las corporaciones locales de seguridad aceleren sus procesos de depuración y certificación.”

Octavo mito “El Gobierno no escucha críticas”

Aquí sí, el señor Poiré ha apuntado un fenómeno real. Solemos afirmar que el Gobierno no escucha críticas, lo que dicho así “a secas” puede resultar una afirmación falsa.

Efectivamente el Gobierno escucha las críticas, las denuncias y los argumentos que hemos lanzado en contra de su estrategia, de hecho les pone mucha atención… lo que no hace el Gobierno es atender e incorporar nuestras críticas en su práctica concreta, porque simplemente las propuestas que aportan nuestras críticas no nutren los intereses de esta guerra.

Es cierto, como dice el señor Poiré que “ La Estrategia Nacional de Seguridad se ha nutrido de la opinión de la madre de familia que ha perdido un hijo al fenómeno de las adicciones, del ciudadano que ha sido víctima del crimen organizado, del dirigente social que desea ver el fin de la impunidad y poder actuar con mayor libertad, del líder empresarial que le interesa un entorno más seguro para sus trabajadores” pero tan sólo lo ha hechop con la finalidad de comerse su discurso e integrarlo al propio discurso oficial.

De ahí que Calderón hubiese cambiado la palabra guerra por la palabra lucha, o que se haya referido a su preocupación por construir , en el país,  “paz con justicia y dignidad” lo que muestra la manera vacía y tramposa en la que incorporan aspectos discursivos de la izquierda para atenuar su discurso de derecha.

De que nos escuchan, nos escuchan, de que nos cumplan e incorporen nuestros comentarios, críticas y observaciones… nada.

Noveno mito  “Sólo se alcanzará la seguridad si se legalizan las drogas”

Al fin encontramos una argumentación coherente en esta entrega de los diez mitos de la lucha por la seguridad: efectivamente como afirma Poiré, legalizar las drogas no implica una solución, ya que deberíamos de legalizar una serie de prácticas no sólo ilegales sino vejatorias para el ser humano como la trata de personas, la venta de órganos, el tráfico de armas etc.

Lo que es necesario aclarar en este punto es que el Gobierno Federal se niega a dicha legalización debido a que es el carácter de ilegal lo que hace que este tipo de actividades genere grandes ganancias, mientras que una parte amplia de la izquierda (que no toda) se opoen a dicha legalización debido a que no es una opción ética que realmente acabe con el problema, sino que por el contrario podría ampliar la práctica de muchos sectores que, al drograse, nutren no sólo la dinámica del negocio de lo ilegal, sino que contribuyen con su apatía e inacción a la estrategia de represión que el Gobierno Federal emprende en contra de la población en general.

Lo curioso es que el señor Calderón no esté de acuerdo con el señor Poiré (lo que sí que me parece grave), ya que mientras Poiré se afaná en mostrar que es un mito que legalizar el consumo de drogas, no sólo en México sino en otros países, seas una solución, Calderón ha afirmado, en su discurso del viernes 26 de agosto del 2011 que  dirigió a toda la nación ante los acontecimientos ocurridos en Monterrey, que: “Si están decididos y resignados [Estadados Unidos] a consumir drogas, busquen, entonces, alternativas de mercado que cancelen las estratosféricas ganancias de los criminales, o establezcan puntos de acceso claros, distintos a la frontera con México. Pero esa situación ya no puede seguir igual”.

Entonces ¿legalizar o no legalizar? Ojalá puedan expresar con claridad cuál es la postura del Gobierno Federal ante este dilema, de lo contrario pensaremos que el reclamo a Estados Unidos y la propuesta implícita de legalizar las drogas que ha hecho Calderón son sólo palabras huecas con el afán de fingir un recriminamiento falso a la nación vecina.

Décimo mito  “México es uno de los páises más violentos del mundo”

De nuevo se encuentra aquí una trampa discursiva: una cosa es establecer si México es o no el país más violento del mundo y otra cosa es que porque no lo sea podamos afirmar que en México no hay tanta violencia. Para revolver ambas ideas, el señor Poiré recurre, como ya es costumbre, al recurso del juego de las cifras, y afirma:

“Como país, a pesar del aumento registrado en los últimos años, mantenemos una tasa de homicidios significativamente menor que la de varios países de la región latinoamericana. Aún frente a aquellas experiencias reconocidas en el ámbito internacional por hacer frente a la criminalidad en beneficio de sus comunidades, como es el caso de Colombia, México tiene una tasa de homicidio claramente inferior. Incluso Brasil tiene una tasa de homicidios similar a la de nuestro país.”

¿O sea que podemos dormir tranquilos? ¿qué intenta decirnos el señor Poiré? …¿que podríamos estar peor?

¡Vaya nivel de argumentación! Si bien puede ser cierto que México no sea el país más violento del mundo, lo que sí es inegable es que la violencia ha crecido de una forma celerísima y que eso debe de preocuparnos, y que es argumento suficiente para que se hagan los señalamientos y las denuncias de los responsables de dicho aumento en la inseguridad.

Así que no se deje convencer : que no seamos los peores en todo el mundo (léase los más jodidos) no implica que no haya elementos para reclamara al Gobierno Federal por su responsabilidad en el aumento de la violencia. De hecho, el razonamiento del señor Poiré implica un  falso silogismo:

Hay países más violentos que México

Algunos afirman que México es uno de los países más violentos del mundo

Luego entonces quienes afirman eso están equivocados y no tienen argumentos

Una cosa más… si fuera  cierto lo que afirma el señor Poiré yo me pregunto ¿Por qué, si México no ha alcanzado los grados de violencia que han alcanzado otros países en América Latina, tenemos que recurrir a medidas mucha más drásticas (estrategia de lucha por la seguridad) que las que se han tomado en otros países? Como que no tiene lógica este argumento.

¿Usted encuentra la lógica? Al primero que lo haga y me lo explique le regalo el último libro de Mario Vargas Llosa

Es así como el señor Poiré cierra su entrega de mitos… con argumentos carentes de lógica, mentiras y razonamientos engañosos ¿Qué clase de nivel de discusión piensa generar así? Ninguno, se trata tan sólo de convencernos, de lograr que abanderemos una guerra que, les aseguro, no es nuestra, por el contrario es una guerra que emprenden en nuestra contra.

No revuelvan las cosas

Para la argumentación de la falsedad del cuarto mito ” la solución a la violencia está en pactar con los criminales”, el señor Poiré revuelve dos ideas con el objetivo de convencernos sólo de una de ellas: nadie necesita convencerse de que no hay que pactar con los criminales, nadie en su sano juicio haría esta propuesta. Es más, los criminales suelen estar tan señalados en una sociedad que no es necesario explicar por qué son malos o por qué no hay que pactar con ellos. ¿A qué viene entonces este cuarto mito? Bueno, es que el señor Poiré aprovecha  el hecho de que cualquiera de por cierto el  hecho de que pactar con los militares no es una salida para pegar ahí otra idea: la de evadir el confrontar al crimen. Y efectivamente confrontar al crimen suena bien; de hecho es el trabajo de las autoridades. No obstante la trampa se oculta en el hecho de que Poiré y todo el Estado en su conjunto postulan que la única forma de confrontar al crimen es la guerra que ellos diseñaron y que ha traído tanto daño para el pueblo en general.

Por asociación de ideas Poiré espera, al revolver las ideas, que todos supongamos que no aceptar la estraegia que ellos ofrecen como la única manera que existen  de enfrentar al crimen (militarización, muerte de civiles etc.) sea equiparado a proponer pactar con los criminales. No nos dejemos engañar: son dos cosas distintas. Una cosa es pactar con los criminales y otra cosa es criticar la inefizar guerra contra el narcotráfico que viola sistemáticamente los derechos humanos.

Además ¿quién es el que en la realidad concreta ha pactado con el narco? Si alguien ya ha revisado el libro de Los señores del narco (que he recomendado una y otra vez) habrá notado que hay grandes funcionarios públicos que dicen combatir al crimen organizado y no estar dispuestos a pactar con ellos aunque en sus actos concretos lo han hecho en varias ocasiones. ¿De qué se trata entonces?

También buscan convencernos citando como ejemplo el caso de Palermo en Italia, cuando el señor Poiré sabe bien que las condiciones contextuales de Italia y México son muy diferentes, de tal suerte que es imposible aplicar como receta lo que se hizo en Italia en otro país cuyas dimensiones, población y características son abismalmente distintas.

Por último bien advierte el señor Poiré que  “Nadie que haya sido víctima de alguno de estos delitos indecibles, estaría dispuesto a pactar con su agresor”, entonces ¿por qué espera que las víctimas de las graves violaciones a los derechos humanos que el Estado ha cometido a través del ejército y sus grupos paramilitares estén dispuestas a pactas con su agresor, el Estado? ¿Por qué espera que las víctimas de las ejecuciones extrajudiciales, de las desapariciones forzadas y la tortura que han cometido los militares que según deben protegernos estemos dispuestas a seguir trabajando con ese ejército que mata y desaparece a civiles?

Es más… ¿por qué espera que estemos dispuestos a pactar con un Estado que permite que esas violaciones a los derechos humanos ocurran mientras pacta con los verdaderos criminales?

Lo que es peor ¿por qué esperan que creamos tantas mentiras?

Sí hay violaciones a los derechos humanos, pero nada grave…

El segundo mito respecto a la lucha por la seguridad ha sido resumido en la siguiente frase:

Las fuerzas armadas han suplantado a las policías, y violan sistemáticamente los derechos humanos.

Reside en este punto uno de los cuestionamientos más importantes y vitales para los defensores de derechos humanos. Efectivamente muchas organizaciones de defensa de derechos humanos han mostrado el uso sistemático de las fuerzas armadas para cometer violaciones a los derechos humanos, sin embargo Poiré advierte que no es así. Veamos cómo lo hace (en azul las palabras de Poiré y en negro las mías):

Ni el Ejército ni la Marina Armada de México están suplantando a las corporaciones policiacas. Actualmente los elementos desplegados, en conjunto con la policía federal, apoyan de manera temporal y subsidiaria a las autoridades civiles, y no actúan en solitario. En la medida en que las policías locales avancen en el proceso de profesionalización y certificación serán menos necesarias las Fuerzas Armadas en el combate al crimen organizado.

En realidad el señor Poiré, de nuevo, se ha quedado corto. Con mucha mayor frecuencia se oye hablar de militarización de la vida social, la policía y el territorio, que de suplantación. No obstante hay que admitir que ha tratado de abordar este punto de una manera bastante astuta; opone el significado de dos verbos: suplantar y apoyar.

Mientras que apoyar significa “favorecer, patrocinar y ayudar” (con claro sentido positivo), suplantar refiere a “ocupar con malas artes el lugar de alguien, defraudándole el derecho, empleo o favor que disfrutaba” (con claro sentido negativo).

De acuerdo con el señor Poiré, el ejército, la marina y la policía federal, no hacen sino ayudar y favorecer la actividad de la policía, por acuerdo mutuo y en completa colaboración, mientras las policías locales se capacitan y fortalecen. Hasta aquí, efectivamente, no podríamos hablar de suplantación. Para mostrar la trampa semántica se requiere de mayor información.

Cuando hablamos del inadecuado uso de las fuerzas militares y navales,  nos referimos a una política sistemática por medio de la cual Calderón se ha ocupado, a lo largo de este sexenio, de llenar de militares no sólo el territorio, sino la vida social, por ejemplo:  el 13 de diciembre de 2006 transfirió 10 000 soldados y marinos a la PFP, “se rodeó  de jefes castrenses dispuestos a imponer el ejercicio de la autoridad, entre ellos generales formados en la Escuela de las Américas” ( Rodríguez Castañeda, p. 21), a partir de 2007,  el ejército engullo prcticamente la PGR, y el 9 de mayo de 2007 creó un cuerpo militar de élite conformado por 3 500 efectivos que actúa bajo órdenes directas del mandatario, por mencionar sólo algunos de los ejemplos que muestran que no es necesario que el ejército o la marina suplanten a la policía, basta con que se apoderen, desde dentro, de estas instituciones.

No se ha militarizado la lucha de México por la seguridad ni las Fuerzas Armadas han abandonado los cuarteles para tomar las calles. Actualmente la mayoría de elementos de la SEDENA y la SEMAR no se encuentran asignados a operaciones de combate al crimen organizado.

Por supuesto que se ha militarizado la lucha por la seguridad, no sólo por lo que ya explicamos en el párrafo anterior, sino porque existen cifras que no coinciden (curiosamente) con que afirma Poiré:

De acuerdo con las investigaciones de Milenio, en cuatro años hubo un incremento del 25% en el número de efectivos desplegados en todo el país.

Podemos sumar, a las contundentes cifras, una serie de políticas que buscan fortalecer al ejército, la marina y la fuerza aérea, como ejemplo el aumento de presupuestos.

Independientemente de las cifras, en este caso el señor Poiré ha utilizado la estrategia de la generalización. Es cierto que hemos denunciado la militarización del país. Sin embargo, para mostrar la falsedad de este argumento, al vocero de seguridad tan sólo se le ha ocurrido utilizar la estratagema de la generalización: si el país estuviera militarizado, las fuerzas armadas (todas) estarían en la calle y no en sus cuarteles, donde se encuentra la mayoría, según Poiré. No obstante este argumento tan sólo opaca el reclamo: nadie se ha quejado de que TODOS los soldados estén en las calles, nos quejamos de una política sistemática que consiste en aumentar la presencia militar y fortalecer a los actores de las fuerzas armadas (lo que sigue corriendo aunque no todos estén en las calles).

Las Fuerzas Armadas no violan sistemáticamente los derechos humanos de la sociedad. Los registros son claros al ilustrar que las violaciones que se han registrado son incidentales, se han sancionado, y no son el resultado de una cuestión estructural. Entre la SEDENA y la SEMAR realizaron de 2007 a 2010 en promedio poco más de 1 millón 600 mil servicios por año. En lo que va de la Administración se han registrado 5,369 quejas ante la CNDH, es decir, sólo en el 0.08% de los servicios de las Fuerzas Armadas alguien estimó haber sido víctima de violación de derechos humanos por parte de los militares. Aún más, del total de quejas, la CNDH ha emitido hasta ahora sólo 79 recomendaciones contra la SEDENA y 11 contra la SEMAR. Esto significa que sólo en el 1.7% de las quejas recibidas por la CNDH se ha concluido que hay alguna responsabilidad y culminan en recomendación.

Lo que le interesa al señor Poiré es dejar bien claro que las fuerzas armadas no violan los derechos humanos de manera sistemática; es decir, como política general, sino por situaciones “incidentales” (Dicho de una cosa o de un hecho accesorio, de menor importancia)… Para ello se ha valido de varias trampas discursivas:

  1. Juego de cifras. El afamado teórico crítico del Discusro, Teun Van Dijk, se ha encargado de describir esta estrategia. Se trata de usar cifras que están fuera de contexto, que no reflejan fielmente la realidad o que construyen comparaciones falsas para convencer al escucha. En el caso que nos ocupa debemos hacer notar que:
  •  Todo mundo sabe que en México tanto el número de denuncias como de quejas ante la comisión de derechos humanos (incluida la nacional y las estatales) se encuentra muy por debajo de las cifras reales. Es decir que el señor Poiré trata de convencernos con cifras que él mismo sabe que no reflejan fielmente la realidad. Esto anula la espectacular comparación en la que el funcionario contrasta el número de servicios por año de las fuerzas armadas con el  número de quejas ante la CNDH, ya que es un contraste falso, en el entendido de que, al menos una de esas cifras, no es fiel con la realidad. Lo mismo ocurre con el porcentaje de 0.08% de personas que “estimaron” haber sufrido violaciones a los derechos humanos. Dicho porcentaje se ha sacado, nuevamente, de cifras que no reflejan la realidad
  • La conclusión de que sólo en 1.7% de las quejas recibidas en la CNDH se ha concluido que hay alguna responsabilidad del ejército no muestra, sino que sólo 1.7% de las quejas (no de todas las violaciones que ocurren realmente en el país) han terminado en recomendación.

Otro recurso utilizado es el de la atenuación semántica: por ejemplo cuando dice “alguien estimó haber sido víctima de violaciones a los derechos humanos”, lo que está diciendo es que alguien creyó ser víctima, con lo que descalifica, de entrada, que la violación haya existido. Lo mismo ocurre cuando afirma que las violaciones que ocurren son incidentales; es decir, de menor importancia. ¿Usted cree que una desaparición forzada con tortura (aunque sólo sea una) es cosa de menor importancia?

Además, si lo que dice el señor Poiré es tan cierto debería de explicar por qué existen varias sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el ejército, así como estudios e informes que muestran que, pese a que las cifras no alcencen a reflejarlo con contundencia, hay un patrón y una política sistemática de violaciones a los derechos humanos. De hecho la recomendación preliminar del relator del equipo de trabajo sobre desaparición forzada de la ONU advierte que hay que considerar, en corto plazo, el retiro de las fuerzas militares de las operaciones de seguridad pública, y establecer protocolos para regular el uso de la fuerza como medidas para prevenir la desaparición forzada.

Además, destaca el hecho que las Fuerzas Armadas han recibido estas recomendaciones con un serio compromiso con los derechos humanos y la reparación del daño. Se han aceptado el 96.7% de las recomendaciones y se trabaja intensamente en la capacitación en materia de derechos humanos para todo el personal militar. El 99.1% de los elementos del Ejército y la Fuerza Aérea han recibido capacitación y el 0.9% pendiente corresponde a personal de nuevo ingreso. Mientras que de la Armada de México todo el personal ha participado por lo menos en una ocasión en algún taller, curso o plática sobre derechos humanos, mismos que son permanentes.

Nuevamente utiliza el juego de las cifras: si las recomendaciones son tan pocas, noventa para ser exactos (1.7% de las quejas), ¿por qué no han podido aceptarlas todas? De hecho cumplir el 96.7% de una cifra que apenas representa el 1.7% ¿no es una manera muy tramposa de inflar el trabajo?

Ahora, la capacitación en ningún caso representa garantía de un actuar honesto, porque además (aunque no le guste a Poiré)… nos referimos a violaciones sistemáticas. Si la capacitación es tan exitosa ¿por qué siguen ocurriendo esas violaciones a los derechos humanos? ¿Por qué existen varias recomendaciones de la CoIDH que el Estado mexicano no ha cumplido? ¿por qué siguen presentándose casos como los de Inés Fernández? La explicación que encontramos es que nos encontramos ante una política de violaciones a los derechos humanos.

En definitiva, las Fuerzas Armadas son un motivo de orgullo para todos los mexicanos. Son los mismos elementos que auxilian a la población en casos de desastres naturales.

Ahora sí que  este hombre exageró, yo pensé que sólo era vocero de seguridad, pero resulta que también es vocero del pueblo de México, y puede declarar, sin ningún empacho, que todos nosotros estamos orgullosos del ejército. Nada más falso, al menos yo no estoy orgullosa de las fuerzas militares. Además todos sabemos que los planes de apoyo en desastres naturales no son sino una estrategia para limpiar la imagen de las fuerzas armadas y para acostumbrar a la población a su presencia.

Su labor es servir y proteger, y lo hacen con estricto apego a valores de honor y justicia.

¿Cuál honor, cuál justicia? Habría que explicarle al señor Poiré que es muy tramposo eliminar el argumento de que se ha militarizado el país mostrando que esta es una generalización falsa, para luego usar la misma estrategia cuando a él le conviende. De acuerdo con la teoría del mando superior basta con que un individuo de las fuerzas armadas cometa una violación para que una cadena amplia de las fuerzas armadas (cadena de mando) deba ser juzgadas por su responsabilidad. Si las fuerzas armadas actuaran con estricto apego a los valores de honor y justicia no existirían ni siquiera las incipientes cifras de violaciones a los derechos humanos que Poiré reconoce. Así pues con que uno solo de los integrantes de las fuerzas armadas cometa tan sólo una violación a los derechos humanos es suficiente para hacer notar que la afirmación del señor Poiré es una genaralización falsa.

Las cifras no mienten, no hay violación sistemática de derechos humanos, pongamos las cosas en su justa dimensión. Ello permitirá también ser más eficaces en las sanciones contra quienes han deshonrado a su uniforme y su corporación.

Eso mismo le diría yo al señor Poiré. Si las cifras no mienten y existen, como he demostrado, cifras que se contradicen, alguna de ellas estará mintiendo, pero tiene razón el señor Poiré: no son las cifras las que mienten, son las personas e instituciones quienes, bajo una finalidad específica, inflan o desinflan las cifras de acuerdo a su conveniencia. De hecho le recomendaría al señor Poiré (y a los lectores poco convencidos) que revisen la investigación que coordinó Rafel Rodríguez Castañeda con el equipo de reporteros de Proceso (Los militares. La militarización en el país en el sexenio de Felipe Calderón, 2010). En dicho trabajo se encuentra documentada la impunidad y corrupción de las fuerzas armadas, así como una serie de anomalías que se han presentado en el uso de las fuerzas armadas durante la lucha por la seguridad.

Finalmente me pregunto si con este segundo mito el señor Poiré habrá querido decir que organizaciones tan serias como Amnistía Internacional y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, quienes han mostrado y afirmado que las violaciones de derechos humanos cometidas por las fuerzas armadas son una práctica sistemática, están mintiendo… por que ese sí que es un mito que es necesario desmentir.


¿Que sólo usan balas? No, también torturan y desaparecen

Ya desde el primer mito, el señor Poiré ha hecho trampa…porque ahora resulta que contesta a una crítica que… sinceramente no se ha planteado así. ¡Qué fácil es contestar tan sólo a una parte de las críticas (sobre todo a aquellas que tan sólo son convenientes para reafirmar su “verdad” institucional).

 Seamos sinceros los únicos que han dicho que en “la guerra contra el narco” de Calderón no hay una estrategia y sólo se usa la fuerza, han sido los esbirros periodistas y analistas “críticos” que son cómplices del sistema. Si se trataba realmente de abordar los cuestionamientos (que no neceriamente mitos) que giran en torno a la estrategia de la guerra no sé por qué no mencionaron que muchas organizaciones de derechos humanos y organizaciones sociales hemos señalado, desde hace tiempo, que el problema no es que no exista una estrategia, por el contrario el verdadero problema es que bajo el pretexto de la lucha al crimen organizado se esconde una estrategia muy bien diseñada, que ha resultado tremendamente exitosa: la guerra contra el pueblo. Veámoslo con mayor detención (las frases en color azul son del Señor Poiré y están citadas tal cual aparecen en el link, las frases en verde son correcciones a la redacción):

Algunos consideran que el Gobierno Federal no tiene una estrategia y centra el combate al crimen organizado solamente en el uso de la fuerza. Afirman que las “balas” son la única herramienta empleada para garantizar la seguridad.

Señor Poiré…casi nadie ha afirmado tal cosa, por el contrario la mayoría de la gente ha afirmado que las fuerzas armadas han emprendido una guerra contra el pueblo, y para ello no sólo hemos dicho que el Estado utilice las balas, ¡por supuesto que no!… utiliza la cárcel, la criminalización y estigmatización de defensores de derechos humanos o luchadores sociales, la criminalización de la pobreza, la violación sistemática de los derechos humanos, el uso de grupos paramilitares (incluído el narco), la corrupción, la tortura, los tratos crueles inhumanos y degradantes, etc. Así que si el Estado entendió que los acusábamos únicamente de utilizar balas, le pedimos una disculpa, en efecto, Poiré tiene razón: no sólo se usan las balas… el Estado cuenta con una lista amplísima de recursos por medio de los cuales emprender la guerra contra el pueblo… lamentamos que haya podido pensarse que los tildábamos de falta de imaginación…

Éste, como otros, es un mito, porque desde el inicio de la administración se cuenta con una Estrategia integral en la que el uso de la fuerza pública es solamente uno de sus ingredientes.

Efectivamente, de nuevo tiene usted razón, como ya especificábamos arriba no sólo se ha utilizado al ejército, la marina, la fuerza aérea y las policías federales y locales (todas ellas componen la fuerza pública), sino también a sus grupos paramilitares que actúan por orden del Estado y, como es lógico, con total impunidad.

Las acciones, programas y procesos incluidos en la Estrategia Nacional de Seguridad han involucrado desde un principio, [qué pasó con sus correctores, señor Poiré, que no saben que cuando se anticipa el complemento circunstancial de tiempo, y éste rompe la secuencia de verbo y objeto directo, se deben usar dos comas: han involucrado, desde un principio,] horas de planificación y análisis permanente de las distintas alternativas así como de los riesgos de la inacción ante la delincuencia organizada. La respuesta del gobierno en auxilio de las autoridades locales [debe decir para auxiliar] debía aplicar la fuerza pública y también era necesario atender otros aspectos del problema para que los resultados sean [fueran] integrales.

Dónde están pues, esos análisis, estudios y planificaciones de las que tanto se alardea: claro… ustedes dirán que no son públicos por seguridad… no vaya a ser que algún perverso delincuente se entere de la manera en la que piensan combatirlos… pero pienso que esos perversos delincuentes no necesitan que la estrategia se haga pública… porque ni siquiera consideramos que exista una estrategia para combatir al narco (para mayor información de este punto véase Los señores del narco de Anabel Hernández).

Además, si verdaderamente hubiesen estudiado las consecuencias de la inacción del gobierno pues habrían acabado con los nexos que unen al narco y al Estado ¿no?, habrían congelado las cuentas… en fin… ¿qué dedo quieren que nos chupemos?

Por eso la Estrategia Nacional de Seguridad consta de cinco componentes: 1) Operativos conjuntos en apoyo a las autoridades locales y a los ciudadanos y [mal uso de coordinación, porque si no ponemos una coma antes de la última y estaría diciendo que se da apoyo a loas autoridades locales, los ciudadanos y que tienen el propósito] que tiene el propósito de debilitar y contener a las organizaciones criminales; 2) Escalar las capacidades operativas y tecnológicas de las Fuerzas del Estado; 3) Reforma al marco legal e institucional; 4) Política activa de prevención del delito; y 5) Fortalecer la cooperación internacional.

A ver, a ver cómo está esto:

  1. Los operativos conjuntos implican, en efecto, uso de la fuerza.
  2. Escalar las capacidades de las fuerzas del Estado implica hacerlas más fuertes, prepararlas más, poner a su alcance mayor tecnología para emprender la guerra (que es la guerra contra el pueblo), así que… pues aunque este punto no implica el uso de la fuerza, supone preparar a la fuerza pública para su uso ¿no? (la misma gata, no más que revolcada).
  3. Reformar el marco legal e insititucional ha implicado un detrimento y pérdida de los derechos humanos, esto pasa porque las leyes se han modificado para hacer que aquello que era ilegal, ahora sea legal. De nuevo, si bien este punto no contempla el uso de las fuerzas armadas, sí implica prepararlas para que cuando operen lo hagan con mayor impunidad
  4. La política activa de prevención del delito puede existir, no digo que no… pero a juzgar por las cifras es sólo un derroche de dinero que no sirve para nada…
  5. Fortalecer la cooperación internacional, es tan general y rimbombante que uno no entiende a qué carajos se refieren… claro que en la animación aclara que se refiere al Plan Mérida… no pues qué buena ayuda.

Sólo el primer componente implica el uso de la fuerza pública y se concentra justo en las regiones más complicadas.

¡Bravo, bravo!… si sí saben de semántica, efectivamente, de manera literal, sólo el primer punto implica tal cual el uso de la fuerza pública, los demás implican el fortalecimiento de esa fuerza pública para ser usada (pero no su uso).

Como nunca antes, las instituciones de seguridad se están transformando. Hoy los servidores públicos debemos aprobar exámenes de control de confianza y no sólo eso, además se han enviado al Congreso iniciativas de enorme profundidad para dar viabilidad de largo plazo a la Estrategia. Por ejemplo, la reforma al sistema de justicia penal, que no sólo mejorará el proceso de procuración de justicia sino que, con el trabajo conjunto entre los poderes de la Unión, dará plena vigencia al debido proceso y lo hará con mayor eficiencia en la atención de los casos.

No más pa no aburrir a la gente (si ya estamos hartos de que nos mientan, imagínese lo aburrido que será estudiar a profundidad la manera en que mienten)… diré dos cosas:

Ahí está la documentación que ha hecho la periodista Anabel Hernández (2011) acerca de todos los funcionarios públicos que, no sólo no han pasado las pruebas de control, sino que ganaban millonarias cifras por trabajar con el narco.  Segundo ¿usted cree que verdaderamente las reformas mejoran la procuración de justicia? (de qué, dirá usted, de Justicia le digo yo… algo que hace años no conocemos en este país)

Se ha mejorado la cobertura educativa y la seguridad social, especialmente en lo que hace a salud, y cada día se trabaja en la detección temprana de las adicciones, entre otros, mediante los más de 300 Centros Nueva Vida creados por esta administración en todo el país. En ellos se brinda asesoría gratuita y profesional para toda la población, especialmente la infantil y juvenil.

Cualquier curioso lector puede notar que las cifras no parecen estar de acuerdo con Poiré: las adicciones aumentan, el acceso al derecho a la salud se ha vuelto un privilegio, y la educación ha tenido que lidiar con las reducciones a su presupuesto y con terribles reformas que tecnifican la educación.

Aunque el despliegue de la fuerza pública sea el elemento más evidente o el que más fácil se asocia al combate a la delincuencia organizada [quién sabe por qué será], es claro que no es el único. Con ello sólo se contiene y debilita a los criminales, lo cual es indispensable. Pero también es necesario profundizar el resto de los esfuerzos [cuáles] emprendidos por el Gobierno federal para resolver el problema desde la raíz.

Diría mi amiga Borola Tacuche de Burrón… juar, juar juar… ahora sí que me hicieron llorar…

Como si no fuera ya suficiente de tanta mentidera (mentira y chingadera junta), resulta que en su especie de comic con formato  de película de acción se atreven a lanzarnos de nuevo ese maldito argumento que Calderón ha utilizado hasta el cansancio: “por no enfrentar antes el problema el narco comenzó a extorsionar  y secuestrar”; o sea lo que tratan de decirnos es… si no usamos la fuerza pública pónganse a temblar… desde la era de las cavernas el hombre aprendió que el argumento más efectista es el del terror… y el Estado lo sabe… si no pueden convencernos con argumentos, intentarán convencernos por medio del miedo. Además… qué exagerados somos… si el uso de la fuerza pública  no ocurre en todo el país sino sólo en regiones específicas, además gracias a ella han detenido a 20 de 37  peligrosos criminales.

Disculpe nuestra desconfianza, pero es que si el uso de la fuerza pública, que sólo ha ocurrido en regiones específicas ya trajo  40 000 muertos … pues … cómo le explicamos… Además si a eso sumamos los fuertes rumores que corren de que en realidad se protege a un cártel… ¿de qué nos sirven sus cifras?

Por último, el señor Poiré se atreve a afirmar que la estrategia para combatir al crimen organizado incluye  la reconstrucción del tejido social, la trasnformación de la policía, la corresponsabilidad internacional y el impedimento al crecimiento de crimen. Todo ello dirigido para fortalecer el Estado de derecho… y yo digo… bueno es que fortalecer el Estado de derecho cuando es uno el que dice qué es el Estado de derecho es fácil… además me gustaría que alguien me explique qué entenderán por restablecer el tejido social, porque ni su seguro popular, ni sus centritos quesque para atender drogadictos (si es que no los mata un grupo de sicarios) servirá para restablecer la ruptura social de más de 40 000 muertos, de las viudas, los huérfanos y los miles de familiares que han quedado destrozados. ¿Así es como usted reconstruye el tejido social, señor Poiré?

Digo si van a hacer las cosas que las hagan bien:

Exijo que expliquen por qué una estrategia tan maravillosa y democrática ha arrojado miles de muertes civiles y tantas violaciones a los derechos humanos. Exijo también que dejen de presumir políticas y proyectos, mientras esos proyectos, por maravillosos que sean, no generan, en la realidad – y no en el país que se ha inventado Poiré-, resultados que no sólo sean satisfactorios, sino que impliquen apoyo irrestricto a los derechos humanos y a las garantías individuales.

Como hemos visto es un mito, efectivamente, que el Estado sólo utilice balas en su guerra contra el pueblo. Existen mitos a los que el señor Poiré no se referirá: que verdaderamente se combate al narcotráfico y el crimen organizado, que existe un interés por reconstruir el tejido social, etcétera, etcétera. Si el trabajo del Estado no consiste en que conteste las preguntas que, tramposamente, él mismo se ha puesto… se trata de que contesten las preguntas que nosotros tenemos que hacerles. Y creánme más peligrosos que los mitos… son las verdades que han omitido.