Archive for “Para hablarte mejor” (Lingüística)

Ahhh qué maestros los del CCH Vallejo

Hace pocos días me encontré un video que aborda la problemática que se ha suscitado en el plantel CCH Vallejo. Es cierto que el título del video, hecho por los propios estudiantes, contiene algunos errores, ya que no pone acento en las palabras últimos y días, además de usar indistintamente mayúsculas y minúsculas. Asimismo, es posible encontrar algunos errorcillos en la narración de los alumnos… pero ¿qué se puede esperar de los alumnos si los maestros comenten errores aún más graves?

Por ejemplo, entre el lapso del video que va del minuto  1:40 al 2:10, uno de los maestros se atreve a aseverar que alguien más debe grabar al compañero que está grabando “para que sea retroactivo”. Dudo mucho que el maestro conozca el significado de la palabra retroactivo, que implica que un hecho obra sobre lo pasado. Seguramente el maestro deseaba expresar que los hechos fueran recíprocos. Líbrenos el señor de descubrir si este es el flamante maestro de español o redacción de los alumnos del CCH.

Enseguida podemos corroborar que a los maestros también les vendrían bien unas clases de lógica, no sólo para darle coherencia a su discurso, sino para que tengan coherencia en su actuar, ya que -no se a ustedes- a mí me parece completamente contradictorio que un maestro convencido (tal y como lo afirma en los minutos 4:19-4:22) de que “no se puede dar espacio a toda la gente” participe, como él mismo afirma, en el MAES (Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior), un movimiento que lucha contra la lógica de las autoridades de no darle espacio a todos los aspirantes.

Habría también que recuperar las olvidadas clases de retórica para que los maestros distinguieran una conclusión de una invitación y de una propuesta. Pues como se puede apreciar en el lapso que va del minuto 4:50 al 5:00 la diferencia no es clara para todos los profesores.

Por último qué tal con la nueva subclasificación de ninis que otro profesor nos ofrece en el minuto 17:33, cuando afirma que “no queremos ninis universitarios”. Yo entiendo que nini sea una palabra reciente, pero me parece imposible que el maestro no comprenda que, si nini es la palabra con la que se define al joven que ni estudia ni trabaja, pueda haber ninis universitarios.

Aún más grave que la evidente falta de preparación de algunos maestros es el hecho de notar que la dinámica de control social que el Estado Federal ha aplicado en contra de las organizaciones sociales haga una aparición sólida en las universidades. Me refiero al viejo cuento chino de fingir una confrontación entre un mismo grupo para atacar a la población organizada: lo mismo ocurrió en la última embestida de las autoridades de la FFyL por recuperar el auditorio Ché Guevara. Una cosa es cierta: las autoridades han notado una cosa; existen varios grupos que, con bandera de trabajo político, se han acomodado y viven de los changarros que acomodan en las diversas escuelas de la UNAM. Pero esto no quiere decir que todos los grupos que tienen algún proyecto económico vivan de él, por el contrario existen grupos que, por medio de este tipo de proyectos, mantienen el trabajo político que hacen.

A las autoridades les viene bien generalizar a todos y mostrar a los activistas como unos vividores; después articulan a sus grupos cercanos para fingir una confrontación de gente de la comunidad contra los grupos organizados que les son incómodos…

Esta es una política que atacará con todas sus fuerzas a muchas de las gentes que de manera organizada mantienen trabajo político. Siempre habrá un grupo de “tontos útiles” que se preste a desprestigiar a la gente que sí trabaja, no obstante a cambio tendrán que asumir la responsabilidad que tienen por coadyuvar (con o sin intención) a atacar y permitir que, sin ningún costo político, las autoridades desarticulen al movimiento estudiantil. Por eso, ahora más que nunca nuestra capacidad de análisis y reflexión debe estar alerta.

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Agachaditos, cachos y pungos: homenaje lingüístico al Ecuador

Apenas sale uno del Aeropuerto “Mariscal Sucre”, el Pichincha se impone por su hermosura y grandeza. Recuerdas entonces que estás en la tierra de la lengua quichua y que el español de México ha quedado lejos: a través de la comida, la vida cotidiana y el paisaje la riqueza lingüística del lugar se muestra con un esplendor semejante al del Pichincha.

Basta caminar por las calles para contemplar las hermosas figuras de tagua que se transforman en tortugas, ranas y patos; mientras la riqueza gastronómica se despliega en los agachaditos (puestos de comida, que han sido llamados así porque para comer en ellos deben agacharte para mantener la cabeza debajo del techo de lámina): el choclo, las chugchucaras, el moloco, el sancocho y el cuy a la brasa (cuyos) pueden ser aderezados por el ají.

La chacha, el canelazo y el pájaro azul degustan la lengua de aquellos que no pueden resistirse ante las bebidas alcohólicas.

En los pungos los indígenas de las diversos pueblos pueden pasar algunas tardes contando cachos blancos y rojos (chistes) mientras pican platos repletos de habas cocidas y choclo con queso.

Cuando el Inti raini (fiesta del sol o las cosechas) rompe la dinámica de la vida cotidiana, se recuerda el sentido de la chacana  y el pachekutik. Los cantones se preparar para rebosar comida y bebida.

En el Ecuador cualquier cosa que funcione como pinza o clip, es llamada pincho; los niños advierten a sus madres que necesitan un baño urgente con la palabra pischo (equivalente a pipí).

La cortesía, al igual que en el español de México está atravesada por el uso de diminutivos y el alargamiento de la frase por medio de la cual se solicita un favor, pero en Ecuador se agrega un fenómeno: el uso del gerundio: “Me pasas dando la sal por favorcito” “Me ayudas diciendo con la tareita”.

Para referirse a la gente, el fenómeno que encontramos en las clases populares mexicanos de referirse a la gente con algún artículo (“El memo”) se replica en todo nivel socio económico: “Vino la Rosa a contarnos dónde había andado el Pérez”

Por cierto, una visita y la convivencia con la gente me permitió entender un fenómeno lingüístico del que no da cuenta el DRAE: la palabra guacho (que en grandes regiones de México designa a los militares) ha sido explicada, en su origen, como proveniente de la lengua quichua, lo que es correcto. No obstante en el diccionario explican que guacho se heredó de la palabra guauktcho con la que en quichua se designa al niño huérfano. Esto me había hecho pensar que se llamaba así al militar por caracterizarlo como aquel que no tiene madre (lo que parece lógico), sin embargo los ecuatorianos me han sacado de mi error: guacho, palabra que designa a los militares se derivo de la palabra guacho con la que se designa al surco que se hace sobre la tierra en la siembra: los militares son guachos puesto que al formarse semejan los surcos de la tierra.

 

 

…¡y que se le van las cabras al monte!

¿Se han puesto a pensar en la serie de expresiones que solemos utilizar para referir que una persona pierde temporal o definitivamente la coherencia o la cordura?

Bien advierten los lingüistas que una de las motivaciones más productivas para generar nuevas palabras o cambio de significado es el tabú. Aquellas palabras a las que una sociedad o grupo lingüístico no desea hacer alusión directa por cuestiones de tabú, serán suplantadas por muchísimas otras frases o palabras que hacen referencia al mismo fenómeno, cosa o proceso, pero de manera metáforica; es decir, indirecta.

Piense usted en todas las construcciones que tenemos para aludir a fenómenos de pérdida de la cordura. Algunas de ellas son sumamente claras:

Se le zafó un tornillo

Le patina el coco

deschavetado

orate

No obstante existen otras cuyo origen no es tan claro, por ejemplo:

Quedó palo paltobi

Estas lurias

Está “cu-cú”

Hoy me interesa, en especial, hablar de la expresión “se le van las cabras al monte” ¿Alguno ha pensado en el origen de dicha expresión?

Resulta que, en los montes cercanos a las zonas en donde se acostumbra pastar a las cabras, suelen crecer algunas hierbas con propiedades alucinógenas. Cuando una o varias cabras se desvalagaban y se iban al monte comían estas hierbas. La reacción en los animales era terrible: les daba por aventarse contra cualquier cosa, se estrellaban entre ellas mismas: perdían el control.

Se te fueron las cabras al monte, durante un tiempo largo, significó, de manera literal, que al pastor se le había escpado alguna cabra que seguramente enloquecería bajo los efectos de las hierbas alucinógenas. Con el paso del tiempo se entabló una relación entre el comportamiento de las cabras que había comido hierbas alucinógenas y el de las personas que presentaban algún trastorno, de manera que se empezó a decir que a una persona se le habían ido las cabras al monte para referir su comportamiento.

Finalmente me gustaría agregar que la carga semántica que expresa locura parece haberse aminorado actualmete. He oído gente que, para expresar un olvido o error, utiliza la frase. Creo que esto obedece a la cercanía fonética con frases como “se me fue” y “se me pasó” que hacen que el hablante sienta que puede utilizar la frase se me fueron las cabras al monte para referir descuido o error. Además esto se refuerza por el hecho de que pensamos que la expresión implica, en sí misma, una especie de descuido.