Archive for “Para engañarte mejor” (Discurso político)

Las falacias más usadas en el discurso de Calderón III (y última parte)

Finalmente, revisaremos las tres falacias a las que más se recurre para defender la estrategia de guerra contra el narcotráfico, mismas que suelen ser las más tramposas de la gama de falacias que hemos visto.

7. “Alerta que no todos los partidos ni los presidenciables tienen el mismo nivel de compromiso en materia de lucha contra el crimen organizado, por lo que a los votantes les corresponde determinar a quién apoyarán.” (El universal, 22 de febrero de 2011).

He ahí la falacia Tu quoque (tu tampoco). Esta falacia trata de argumentar que lo que alega un contrincante es falso tan sólo por el hecho de que él no lo practique o lo haya experimentado. En repetidas ocasiones ante la crítica o de diputados o senadores de otros partidos hacia la estrategia de Calderón, éste ha tratado de invalidar esa crítica al afirmar que ellos no combatieron al crimen organizado o que no hacen nada por combatirlo. Si bien es cierto que las críticas a la estrategia de Calderón se utilizan como campaña propagandística para otros partidos, esto no hace que los argumentos de crítica sean falsos.

8. Las falacias por generalización son también las más usadas por Felipe Calderón. Este tipo de falacias tiene varios subtipos, pero su esencia radica en que a partir de un hecho particular queremos comprobar que ese hecho particular hace la regla.  Las falacias por generalización son las más utilizadas para estigmatizar a ciertos grupos o sectores y, con mucha facilidad, logran instaurarse como lugares comunes del pensamiento social. Tal es el caso de generalizaciones falsas como: todos los defensores de derechos humanos defienden criminales, todos los luchadores sociales son criminales o todos los pobres son rateros. A continuación presento algunos ejemplos de falacias por generalización:

 Por muestra sesgada: Calderón, en sus informes de gobierno suele dar todas las cifras de los delincuentes detenidos, pero nunca ha aclarado qué porcentaje de ese número de detenidos permanecen en calidad de presuntos culpables (lo que quiere decir que aún no se demuestra su culpabilidad). Con este tipo de muestra sesgada de resultados infla los logros de su estrategia.  Algo similar ocurre cuando nos presenta cuántos operativos se han realizado o cuántas armas y drogas se han incautado, pero jamás dice cuántas violaciones a los derechos humanos se han cometido en esos operativos. La muestra sesgada privilegia los resultados que le convienen al argumentante y oculta aquellos que no le convienen.

 Por centro de atención: “El tema del secuestro en el país. Este es, quizá, el delito que más agravia, que más ofende, y que, desde luego, más daña a nuestra sociedad y a los mexicanos” (Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, 26 de noviembre de 2009).

En este caso se supone que la opinión de un grupo o un sector representa el de la mayoría. Así Calderón presenta el tema del secuestro como uno de los que  más agravia a la sociedad, aunque bien podríamos afirmar que el que más agravia a la sociedad es la ineficacia y colusión de las autoridades ante los casos de secuestro. Al afirmar que la mayoría de los mexicanos quieren más seguridad y quieren al ejército en las calles, se comete una falacia de este tipo.

Por generalización apresurada o juego de cifras: “Si reuniéramos la droga que hemos decomisado, nos alcanzaría a darle casi 100 dosis  a cada joven mexicano entre los 15 y los 30 años [sin decir cuánta droga circula realmente]” (Tercer informe de gobierno). “Los delitos que más agravias que son: secuestro y extorsión, independientemente de que el robo sigue siendo el 85% de los delitos en nuestro país [donde se muestra la incongruencia entre el delito más perseguido y el que más ocurre, y se muestra un juego de cifras]” (Tercer informe de gobierno).

El juego de cifras es uno de los recursos más efectistas y alarmistas que se ha utilizado en el discurso. Consiste en decir o hacer gala de cifras que causan cierto impacto, pero que no son puestas en relación con la realidad nacional, de manera que crean la ilusión de mucho avance, sin que necesariamente sea así.

9.  “En el marco del anuncio de su quinto y penúltimo informe de gobierno, el presidente ofreció un discurso en el que admitió que varios lugares del país viven una “dramática situación de inseguridad” y afirmó que de no haber emprendido un combate frontal, se corría el riesgo de que el crimen organizado se apoderara del Estado e incluso lo suplantara.” (adnmundo.com, 2 de septiembre de 2011).

“Poiré puntualizó que de no haber actuado contra la delincuencia, se habría dejado a las familias mexicanas a merced del crimen organizado” (uno noticias, 12 de enero de 2012)

Y…. ¡¡¡ta tan!!! La falacia más usada es la falacia ad baculum o ad consequentiam (apelación al bastón o a la consecuencia). La falacia ad baculum trata de convencernos de que un argumento es válido por medio del miedo que podemos experimentar de las consecuencias de que no sea así. Ésta, como decía, es la favorita de Calderón, quien no se cansa de recordarnos que si no seguimos su estrategia debemos ponernos a temblar por que el caos y la violencia se apoderarán del país (como si no lo hiciera ya, y eso que ha aplicado su estrategia).  Puesto que apela directamente al miedo es esta una de las falacias más efectivas del discurso y, dicho sea de paso, ha sido una de las más utilizadas por los dictadores de todo el mundo.

Así que, no se deje engañar ni aterrorizar: lo que buscan con estos recursos amañados es inmovilizarnos y que nos resignemos a este país violento, saqueado y de miseria que quieren imponernos.

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Las falacias más usadas del discurso de Calderón II

Continuemos revisando algunas de las falacias por medio de las cuales intentan convencernos de que la estrategia de lucha por la seguridad es adecuada.

4. “La responsabilidad de la violencia es de los violentos, la responsabilidad del crimen es de los criminales y no de las autoridades que nos decidimos a combatir a esos criminales”. (Centro de exposiciones Banamex, noviembre-diciembre de 2010).

A quien hubiera creído que decir que “la responsabilidad de la violencia es de los violentos” contiene información novedosa y relevante que no hubiéramos podido intuir, le aclaro que este enunciado más que aportar información es un buen ejemplo (pese a lo burdo) de falacia de petitio principii (petición de principio). Este tipo de falacia se caracteriza porque con anterioridad a la conclusión se ha dado la información que se desea concluir (las falacias de este tipo más elaboradas aparecen con otras palabras). Al decir “la responsabilidad de la violencia” ya estamos incluyendo a los violentos de manera que afirmar que es de los violentos es una obviedad que no aporta nada. Esta falacia, por lo tanto, finge ser un razonamiento aunque en el fondo es sólo un pseudorazonamiento. Es una participación que no dice nada, ni siquiera lo hace con estilo y sorna como cuando se cantinflea.

5 A) “mientras otros integrantes del gabinete les reiteraron que las violaciones a los derechos humanos existen en todas partes del mundo como una manera colateral al combate a la delincuencia.” (Vanguardia )

5 B) “Entiendo perfectamente y sé que es la percepción generalizada de que la guerra se va perdiendo. No comparto la afirmación, pero comprendo que es una percepción general que el estado debe combatir”, dijo. “Incluso, el propio término de guerra yo generalmente no lo utilizo, pero aún siendo así, si de guerra habláramos y fuera una guerra de estado con los criminales, la verdad es que, independientemente de que hay actos muy cobardes de ejecuciones y emboscadas a autoridades del Ejército y sobre todo policía Federal, la verdad es que la gran mayoría de los enfrentamientos entre las fuerzas federales y los criminales han sido ganados por elementos federales”

Calderón aseveró que el incremento de la violencia no es indicador para ver si la estrategia contra el crimen avanza o no. Incluso, aunque dijo que el número de homicidios, (28 mil, según el Cisen) es el dato más espectacular e hiriente, tampoco es un termómetro. (El universal, 10 de agosto de 2010)

Esta es una falacia de la relación espuria (nada que ver con el “peje”) o de  non sequitur (no se sigue), pues consiste en adjudicar a una causa un fenómeno, pese a que no necesariamente el fenómeno se sigue de esa causa.  Su modalidad clásica la podemos  encontrar en una declaración reciente de integrantes del gabinete federal (ejemplo 5 a), que trata de presentar el siguiente razonamiento: donde hay combate al crimen organizado, como consecuencia, se presentan violaciones a los derechos humanos. Argumento falso, ya que en otros periodos y en otros países, donde no hubo lucha contra el crimen organizado, se presentaron violaciones a los derechos humanos, e incluso las violaciones a los derechos humanos no son consecuencia inherente e inevitable de la lucha contra el crimen, aunque eso es lo que nos quieren hacer creer.

Otra modalidad de esta falacia non sequitur se puede apreciar en el ejemplo 5b.  Desde mi punto de vista, a primera instancia se ve la incongruencia: Luego de insistir en que el Gobierno Federal atacaba a los violentos que causan violencia y a los criminales que cometen crímenes, Calderón afirma que ni la violencia ni los crímenes son indicadores de que su ataque, guerra o lucha funciona (yo ya no entendí). En este caso no tratan de convencernos de que de una causa se desprende un efecto, sino de que no podemos juzgar un fenómeno de acuerdo a los criterios que se siguen de él; he ahí el elemento que no se sigue.

6. “En un extremo, están quienes han sugerido que la autoridad tendría que recurrir a métodos al filo de la ley e incluso abiertamente ilegales para combatir a la delincuencia; por otra parte, están quienes abogan porque la autoridad se haga de la vista gorda ante ella o, incluso, en el otro extremo quienes de plano proponen establecer un pacto explícito con la delincuencia y convivir con ella.

Ninguna de estas falsas alternativas es éticamente aceptable, ninguna de ellas es legal y ninguna es viable, tampoco, en términos prácticos. Tanto pactar con la delincuencia, como evadirla o combatirla por medios ilegales significaría erosionar los cimientos que nos dan sustento como sociedad, como Estado fundado en el Derecho” (26 de noviembre de 2009, XXVII Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública)”

Finalmente aparece una de las más utilizadas: la falacia de hombre de paja. Esta falacia se construye citando un argumento en contra de la posición que defendemos, el truco reside en el hecho de que el argumento que citamos es tan absurdo o insensato, que luego es muy fácil atacarlo y mostrar que sólo por eso nuestra posición es la correcta. En el ejemplo 6 podemos apreciar los argumentos contrarios a su estrategia de seguridad  que Calderón decide citar tres: el de usar métodos ilegales (¡eso es trampa! Es justo lo que el Gobierno Federal hace), que el Gobierno se haga de la vista gorda (otra vez, es trampa) o que pacten con el narco (¡otra vez… ! la segunda trampa de Calderón es citar alternativas que, según ,rechaza aunque en realidad usan esas tres, pero esa no es falacia, es mentira). ¿Quién en su sano juicio (no vale pensar en el Estado) diría que cualquiera de esas opciones son reales y adecuadas? Nadie, pero eso no hace que la propuesta de Calderón sea la más adecuada, que es lo que trata de mostrar con esta falacia.

Aún quedan algunas de las más tramposas, pero guardémoslas como el postre de estas breves entregas.

Pa´ que no se dejen engañar. Las falacias más usadas en el discurso de Calderón I

Las falacias son argumentos cuyas razones carecen de validez en la argumentación, no obstante aparentan ser razonables y lógicas. Muchas falacias son utilizadas en los anuncios publicitarios y en la política. Su objetivo es tratar de convencernos (con argumentos falsos) de alguna posición en concreto. Las falacias suelen surtir un muy buen efecto, sobre todo cuando deseamos defender o argumentar a favor de posiciones poco defendibles.  Así pues el objetivo final de utilizar las falacias no es convencer de la verdad o de la posición más correcta, sino convencer a toda costa.

A continuación conoceremos algunas de las falacias más comunes y las ejemplificaremos con algunos de los miles de ejemplos que la defensa de la estrategia de guerra contra el narcotráfico de Calderón ha generado; es decir notaremos como las razones con las que nos han intentado convencer de que la estrategia de guerra es correcta se sustentan en puros razonamientos incorrectos.

  1. “La razón principal, la causa principal de nuestro esfuerzo son los ciudadanos, son las familias mexicanas que demandan y con toda razón, un México seguro, un México de paz con justicia duradera” (16 de diciembre de 2011, primera sesión extraordinaria del consejo nacional de seguridad pública)

No hay discurso que verse sobre la seguridad en el que Calderón no repita que todos los mexicanos queremos más seguridad (como si no lo supiéramos), y aunque no lo diga así, lo que trata de decir con esas palabras es que la mayoría pide más seguridad.  He ahí una falacia ad populum (apelación a la mayoría). Dicho tipo de falacias son incorrectas porque el hecho de que la mayoría afirme o pida algo no quiere decir que eso es correcto. La mayoría de las personas afirman que el aguacate es una verdura, pero eso no hace que dicho razonamiento sea cierto; el aguacate es una fruta. De hecho un buen maestro de lógica mostraba la insensatez de apelar a la mayoría con el siguiente razonamiento: A todas las moscas les gusta la caca, luego entonces la caca es sabrosa.

Pero, además debemos decir que Calderón ha agregado un uso muy particular de la falacia ad populum a sus discursos: cada que nos recuerda que las familias mexicanas, el pueblo o todos los ciudadanos demandamos más seguridad parece afirmar, entre líneas,  que nos han dado justo lo que hemos pedido, otro razonamiento falso que apela a la demanda de la mayoría sin especificar cómo exigió la mayoría más seguridad o bajo que características. Es decir, Calderón tan sólo recupera la demanda, pero omite decir que todos demandamos más seguridad pero no demandamos militares y federales en las calles y en la vida social, ni operativos que violen los derechos humanos. Tampoco vayan a creer que es un uso muy original, porque la tradición popular se ha apropiado de este tipo de falacias por medio de los famosos chistes de un “mago gacho” que mal cumple los deseos de sus amos. Como chiste, causa gracia, pero que el político que es la máxima autoridad del país nos salga con eso… no da gracia.

               2. “Creo que un primer paso es no perder las referencias de quienes son no sólo los malos, sino los sanguinarios de la película, y ellos son los criminales.” (5 de agosto de 2010, Dialogo por la seguirdad, Evaluación y fortalecimiento)

“Digo esto, porque en el debate público sobre el tema de la inseguridad se han presentado, y en ocasiones con insistencia, diversas salidas falsas al problema” (26 de noviembre de 2009, XXVII Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública)

Tenemos con nosotros ejemplos de la falacia ad hominem (apelación al hombre). Este truco argumentativo consiste en descalificar a quien da un argumento contrario (a la persona o grupo) por características propias de su persona y no con razonamientos. Es decir en lugar de argumentar contra la posición que cierta persona defiende, atacamos a la persona misma. De seguro la han escuchado cuando el presentador del noticiero estelar de la noche trata de destruir la validez de los argumentos con los que los maestros piden aumento de salario, al afirmar que los maestros son flojos; que sean flojos no quita veracidad al hecho de que los salarios sean raquíticos, pero nos tratan de convencer de que sí, además distraen nuestra atención de la discusión y la centran en una crítica a una de las personas.

Calderón recurre a esta falacia cada vez que se critica o cuestiona su estrategia de seguridad. La primera cita del número 2 muestra cómo Calderón contesta ante las críticas a la forma en que han llevado a cabo su estrategia de seguridad descalificando a quienes lo hacen porque no tienen claro quién es el malo de la película, cómo si eso invalidara la reclamación por las violaciones a los derechos humanos.  En el segundo caso trata de mostrar que el cuestionamiento a su estrategia carece de validez sólo porque las propuestas que dan quienes lo critican son “salidas falsas”. Vamos a suponer que realmente fueran salidas falsas, eso de ninguna manera quita el argumento con el que se cuestiona su estrategia, pero él trata de distraernos descalificando a quienes lo critican como grandes aportadores de salidas falsas.

3. Falacia ad verecundiam (apelación a un veredicto). Este tipo de falacias se utilizan cuando tratan de convencernos de un argumento poniendo a un ícono o símbolo social diciendo eso mismo, partiendo del hecho de que si él lo dice debe ser cierto. Tal es el caso de ciertos comerciales en los que aparece un artista reconocido diciéndonos qué  desodorante usa, cómo si él fuera experto en desodorantes. Dicha falacia no opera si quien da su opinión es un experto en el tema (pero sigue siendo una falacia si sólo usa el producto o dice que lo usa porque le pagan por hacerlo). Si bien Calderón directamente no ha recurrido a esta falacia, se ha usado para defender su estrategia apuntalando en ciertos noticieros, comerciales y programas la opinión de ciertos famosos, de algunos expertos analistas (con los que pasa igual: si les pagan por decirlo, sigue siendo falacia) defendido la estrategia de seguridad de Calderón. Una de las más recurridas es la de citar al ex presidente o presidente de Colombia para afirmar que la estrategia de seguridad es correcta, argumentando que ellos llevan años de experiencia en la lucha contra el crimen (lo que han olvidado decirnos es que llevan años con un país violento que arroja miles de muertos, desplazados, ejecutados extrajudiciales, desaparecidos, etc. Lo que a mi juicio no es ser experto más que en fabricar más violencia).

Por hoy es suficiente (porque lo digo yo, que soy quien publica (falacia ad verecundiam)), ya en la siguiente entrega aprenderemos otras técnicas de convencer sin la verdad.

¿Qué está pasando en la UNAM? Los retos del movimiento estudiantil ante la lógica de guerra

Ante el lamentable asesinato del tesista y activista de la FFyL, Carlos Sinuhé Cuevas, varias organizaciones hemos afirmado que la lógica de guerra del Gobierno Federal ha llegado a la UNAM. Sin embargo, se equivocan aquellos que piensen que dicha lógica ha llegado tan sólo después del 27 de octubre pues la lógica de guerra ha sido implantada desde tiempo atrás, y hoy nos encontramos en un momento en el que se afianza y presenta un avance cualitativo.

Si estamos de acuerdo en esto debemos reconocer que los escenarios y situaciones derivadas de este hecho nos imponen un reto mayor: desentrañar el funcionamiento, los objetivos y las consecuencias de la lógica de guerra. Renunciar al análisis profundo y meditado equivale a correr el riesgo no sólo de dejarnos apabullar por dicha lógica, sino de entrar y formar parte de ella. A causa de esto proponemos el siguiente análisis que de ninguna manera pretende develar completamente toda la verdad, pero intenta aportar elementos y propuestas para el desarrollo de la práctica de las organizaciones estudiantiles y sociales.

La lógica de guerra

 

Con lógica de guerra nos referimos a una serie de suposiciones  que alcanzan el nivel de verdad y que, por tanto, determinan la manera de actuar de las personas en general. La lógica de guerra es una forma de control social, a través de ella el Estado logra crear una serie de situaciones, discursos e ideas que generan  que la gente actúe o deje de actuar de acuerdo con los intereses del Estado. Por medio de la lógica de guerra la gente queda atrapada en medio de una gama restringida de opciones para actuar; de esa gama algunas de las posibilidades quedan plenamente estigmatizadas y otras se hacen pasar por “aceptables”, aunque no lo sean necesariamente.

Lo determinante en la lógica de guerra es que las decisiones de actuación son tomadas en medio de un contexto en el que es la vida la que se encuentra en riesgo y, por lo tanto, el eje que sustenta los actos es el instinto de preservación. La lógica de guerra trata de convencernos de que hay que hacer todo aquello que nos permita sobrevivir, aunque para sobrevivir debamos inmovilizarnos, atacar a otros o dudar de ellos, etc.

La lógica de guerra permite que el Estado genere tal control de la acción social que ésta queda atrapada en medio de un círculo vicioso:

El entorno se muestra violento

Las personas sienten miedo

Se genera la ruptura de las expectativas de vida y de la ideología o las creencias que sustentaban a las personas.

Surge la sensación de confusión y duda. Al dudar de todos y sospechar de todos, la gente rompe los lazos sociales con los que contaba, se desmoviliza y se aísla.

Ante el miedo y la confusión muchas personas exigen más seguridad, lo que es aprovechado por el Estado para seguir justificando sus prácticas violatorias de los derechos humanos.

Con este pretexto, el Estado militariza o inserta operativos en la zona

El entorno se muestra más violento aún

La gente sigue sintiendo miedo o terror

No obstante esta lógica en la que intentan someter a la población en general no es exactamente la misma que intentan insertar en los movimientos sociales organizados.

La lógica de guerra en los movimientos sociales organizados

Los movimientos organizados, por el simple hecho de estarlo y de haber decidido, ante el miedo, el caos o la incertidumbre generada por el Estado, hacer frente a la situación de manera organizada y conjunta son más difíciles de atacar y de controlar.

La lógica de guerra, al tratar de ser implantada en los movimientos sociales organizados busca, al igual que con la población general, obtener el control de estos grupos, pero, en específico, y a diferencia de los objetivos con la población general, busca desarticular, dividir y confundir para que se ataquen entre ellos mismos, para que se descalifiquen entre ellos mismos, para que no logren construir redes de protección y respuesta que los proteja a todos, para inmovilizarlos, interrumpir sus actividades de denuncia y organización, de esta manera el Estado puede ocultar los ataques en contra de la organizaciones y deslindarse de su responsabilidad en esto actos. El objetivo de la lógica de guerra en contra de las organizaciones sociales es generar miedo entre los integrantes del movimiento social, pero sobre todo es desarticular, destruir la posibilidad de solidaridad, de unidad y de organización que pueden construir. El objetivo final es atacar y aniquilar a las organizaciones.

La lógica de guerra pretende ocultar las agresiones del Estado al mismo tiempo que intenta quitar o borra las huellas que puedan mostrar que las organizaciones han sido y siguen siendo atacadas sistemáticamente por su desempeño político.

Ahora bien, tendríamos que aclarar que la lógica de guerra general ya operaba dentro de la UNAM desde hace algún tiempo, por el simple y sencillo hecho de que todos los estudiantes viven y se desenvuelven en el país donde esa lógica está operando: las desapariciones y asesinatos de algunos de los miembros de la comunidad estudiantil son parte de esa lógica y buscan, por medio del terror y la zozobra, controlar y desmovilizar a la comunidad estudiantil en general.

La lógica de guerra ya operaba también en el movimiento estudiantil: la criminalización, la estigmatización y los riesgos que esto conlleva ya eran parte de desempeño de la labor de las organizaciones estudiantiles. De hecho, ya existían rumores y prácticas de descalificación por medio de las cuales se atacaba a algunos de los integrantes del movimiento estudiantil.

Ahora bien, el problema al que nos enfrentamos es que el asesinato de un activista de la FFyL, resultado de la lógica general que ya hemos descrito, será aprovechado por el Estado para consolidar y profundizar la lógica por medio de la cual el Estado intenta desactivar y desarticular al movimiento estudiantil. Es decir aprovechará el clima que se está generando por la dinámica de guerra y violencia para afianzar y profundizar cada una de las dinámicas por medio de las cuales busca golpear al movimiento. Sin embargo, no podemos olvidar o pasar por alto que el Estado no es un ente homogéneo; está compuesto de diversos grupos y cada uno de ellos tiene sus propias lógicas e intereses particulares. De la misma manera las diversas organizaciones que conformamos el movimiento estudiantil y social realizamos diversos trabajos y tenemos diferentes mandatos. Por eso mismo somos atacados con mayor o menor intensidad por diferentes grupos, sectores o cuerpos del Estado, y somos atacados con estrategias distintas también.

En estos momentos, puesto que el Estado aprovechará el clima que se está generando, lo que estamos viendo en escenarios como la UNAM es la combinación de diferentes lógicas represivas funcionando al mismo tiempo, lo que favorece aún más la confusión. No obstante pese a ser lógicas diferentes todas funcionan bajo ejes generales e intentan someternos, por medio de distintas tácticas, en las mismas dinámicas. Y esas dinámicas son las siguientes:

1. El terror por medio del cual buscan orillar, a algunas personas que participan en el movimiento estudiantil, a renunciar a su trabajo debido al temor por su propia seguridad. El ataque en contra de los integrantes del movimiento estudiantil será potenciado (difundido, recordado, repetido una  otra vez) por el Estado como un mensaje de advertencia, un mensaje que nos hará preguntarnos ¿si eso le han hecho a él, qué me harán a mí?, ¿podría ser yo el siguiente?

2. Los rumores son una táctica vieja que ha sido utilizada contra las organizaciones sociales (véase Cerezo, Antonio). El asesinato de uno de los integrantes del movimiento estudiantil será utilizado como un pretexto no sólo para desatar nuevos rumores, sino para seguir repitiendo o profundizando aquellos que ya había logrado infiltrar dentro del movimiento estudiantil. Ante los hechos de violencia, el Estado jamás brindará información clara, sino que infiltrará una serie de rumores: cosas que otros dicen que alguien más dijo, y que creemos aunque no tengamos pruebas, hechos o datos que constaten dicha información. La mayoría de los rumores versan sobre la descalificación o acusación de otros compañeros, casi siempre son aquellos con los que tenemos diferencias políticas. El Estado se aprovecha de una característica general del movimiento estudiantil: las pugnas internas que han sido convertidas en diferencias personales; es mucho más fácil repetir rumores de aquellos con los que políticamente sostenemos diferencias que confrontarlos directamente en espacios dignos de eso y de manera madura. Junto con los rumores aparecen las especulaciones; es decir una serie de cosas que suponemos que son ciertas, pero que en realidad carecen de una base que las sustenten.

3. La idea de caos. Por medio de la negación de información clara junto con la serie de rumores que el Estado echa a andar, los hechos violentos que ocurren parecen no tener conexión, parecen desligados, inconexos, o conectados, pero por causas que no podemos comprender. De tal manera que la realidad se nos muestra como caótica, desordenada, imposible de analizar y entender. Cuando no podemos entender la realidad, muchas de nuestras decisiones se sustentarán en falsedades o en puras apariencias y eso genera que se cometan errores políticos.

4. Confusión significa que  las líneas que dividen los distintos aspectos, cosas o hechos pierden claridad, por lo que los hechos aparecen como mezclados, revueltos y es imposible determinar tanto su naturaleza como sus límites. Ante los rumores, el miedo y el caos somos incapaces de establecer los límites y la naturaleza de las posiciones de los diversos grupos del movimiento estudiantil. Los criterios que nos permitían analizar la realidad se ven cuestionados por el desorden y caos que muestra la realidad.

5. Duda y zozobra. La falta de claridad que nos impide ver los límites  y caracterizaciones, los rumores con los que somos bombardeados y que incluso llegamos a repetir  generan duda en las organizaciones estudiantiles, duda de qué puede o no ser verdad, duda de si los demás mienten o no, duda de si la realidad es lo que aparenta o no. Duda de si aquello que andarán diciendo en contra del compañero será cierto. Y la duda necesariamente implica que pensemos, por extraño que parezca, que la verdad puede ser falsa, porque el objetivo del Estado es romper el principio de veracidad y de juicio con el que tomamos nuestras decisiones políticas. La duda y la zozobra se siembra entre los integrantes del movimiento estudiantil para que no construyan confianza y solidaridad entre ellos.

6. Pérdida de la claridad del enemigo. El caos, la confusión y  la duda buscan que perdamos de vista quién es en realidad el actor que nos ataca, de manera que dejemos de señalar al Estado como culpable y responsable directo de lo que estamos viviendo en la medida en que nos insertamos en las dinámicas de ataques y descalificaciones entre nosotros mismos. Además, al meternos en esta dinámica definitivamente tenemos que dejar de hacer lo que estábamos haciendo, por lo que nuestros trabajos de denuncia, señalamiento, acompañamiento, concientización y organización pierden fuerza, hecho que también es muy conveniente para el Estado.

7. Ataques, amenazas y hostigamientos en contra del movimiento estudiantil y de la población en general. Finalmente el Estado aprovecha cada una de estas dinámicas para generar más ataques, amenazas, seguimientos en contra de las organizaciones del movimiento estudiantil, con lo que renueva el círculo vicioso en el que quiere atraparnos.

Tan sólo pensemos ahora ¿qué pasa cuando combinamos miedo, duda, confusión, caos con las diferencias políticas que ya existían desde antes en el movimiento? Se obtiene el resultado deseado: descalificaciones infundadas, confrontación, calumnias, acusaciones falsas: división y confrontación. Lo que, dicho en otras palabras, significa un movimiento social o estudiantil sin tejido de solidaridad y organización, un movimiento más fácil de atacar.

Estos resultados son benéficos para el Estado sin importar la manera específica en que piense aprovecharlos:

Bien puede ser que decida exacerbar la polarización y la confrontación  hasta lograr aislar a ciertas organizaciones para que, una vez que las agreda la gran mayoría del movimiento guarde silencio o, en el peor de los casos, aplauda. De esta forma logra que el ataque en contra de ciertas organizaciones no le implique la exigencia de justicia y protesta de todo el movimiento estudiantil.

Bien puede ser que el Estado exacerbe la polarización para intentar mostrar los ataques que él mismo comete como ataques que son resultado de peleas internas entre la propia izquierda. Así criminaliza al aparente atacante, golpea al atacado y él se lava las manos.

Bien puede ser que exacerbe la polarización hasta lograr que verdaderamente nos ataquemos unos a otros, promovidos, claro está por una serie de actores infiltrados en el movimiento estudiantil que enarbolan las formas y los métodos del Estado.

Sea cual sea el escenario que enfrentaremos, es evidente que el Estado está preparando el clima necesario para disminuir el costo político ante los ataques en contra del movimiento estudiantil.

¿Cómo desarticular esta lógica?

  1. Romper de inmediato la dinámica del rumor: buscar a las fuentes de lo que se dice; evitar  repetir lo que dicen que dijeron, consultar con personas que tengan la información de primera mano para cotejar la información,
  2. Cotejar lo que se dice con los hechos.
  3. No perder de vista que el responsable de la violencia que estamos padeciendo es el Estado, considerar que es más importante deslindar responsabilidades en contra de los integrantes del movimiento estudiantil equivale a perder de vista que quien desea desarticularnos es el Estado.
  4. Evitar a toda costa promover los métodos y formas que son propias del Estado, así como evitar repetir el discurso del Estado.
  5. Analizar profundamente los hechos, ser cuidadosos y cautos en nuestras conclusiones, no debemos olvidar que nos moveremos en medio de un clima de confusión.
  6. Saber cómo tratar y manejar las diferencias políticas. No podemos hacer de esas diferencias la contradicción fundamental de nuestra práctica, no podemos justificar bajo esas diferencias el ataque en contra de otros compañeros.

Finalmente es cierto que seguirán existiendo actores dentro del movimiento que, por falta de análisis, por oportunismo político o por otras razones favorezcan la dinámica que intenta implantar el Estado, y es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros hacer notar lo inadecuado de esos hechos, así como frenar y corregir esas prácticas. Tenemos que descubrir los métodos y los espacios adecuados para hacerlo, pero si ni siquiera lo intentamos el costo que enfrentaremos será igual para todos.

Bibliografía

Cerezo, Antonio, “Las diferencias y las contradicciones entre las organizaciones sociales, y la labor del Estado para agudizarlas”, Revista Revuelta consultado en

http://www.revistarevuelta.org/index.php/2010/09/las-diferencias-y-las-contradicciones-entre-las-organizaciones-sociales-y-la-labor-del-estado-para-agudizarlas/

PD. Gracias al Rojo, que corrigió unos dedazos

Ahhh qué maestros los del CCH Vallejo

Hace pocos días me encontré un video que aborda la problemática que se ha suscitado en el plantel CCH Vallejo. Es cierto que el título del video, hecho por los propios estudiantes, contiene algunos errores, ya que no pone acento en las palabras últimos y días, además de usar indistintamente mayúsculas y minúsculas. Asimismo, es posible encontrar algunos errorcillos en la narración de los alumnos… pero ¿qué se puede esperar de los alumnos si los maestros comenten errores aún más graves?

Por ejemplo, entre el lapso del video que va del minuto  1:40 al 2:10, uno de los maestros se atreve a aseverar que alguien más debe grabar al compañero que está grabando “para que sea retroactivo”. Dudo mucho que el maestro conozca el significado de la palabra retroactivo, que implica que un hecho obra sobre lo pasado. Seguramente el maestro deseaba expresar que los hechos fueran recíprocos. Líbrenos el señor de descubrir si este es el flamante maestro de español o redacción de los alumnos del CCH.

Enseguida podemos corroborar que a los maestros también les vendrían bien unas clases de lógica, no sólo para darle coherencia a su discurso, sino para que tengan coherencia en su actuar, ya que -no se a ustedes- a mí me parece completamente contradictorio que un maestro convencido (tal y como lo afirma en los minutos 4:19-4:22) de que “no se puede dar espacio a toda la gente” participe, como él mismo afirma, en el MAES (Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior), un movimiento que lucha contra la lógica de las autoridades de no darle espacio a todos los aspirantes.

Habría también que recuperar las olvidadas clases de retórica para que los maestros distinguieran una conclusión de una invitación y de una propuesta. Pues como se puede apreciar en el lapso que va del minuto 4:50 al 5:00 la diferencia no es clara para todos los profesores.

Por último qué tal con la nueva subclasificación de ninis que otro profesor nos ofrece en el minuto 17:33, cuando afirma que “no queremos ninis universitarios”. Yo entiendo que nini sea una palabra reciente, pero me parece imposible que el maestro no comprenda que, si nini es la palabra con la que se define al joven que ni estudia ni trabaja, pueda haber ninis universitarios.

Aún más grave que la evidente falta de preparación de algunos maestros es el hecho de notar que la dinámica de control social que el Estado Federal ha aplicado en contra de las organizaciones sociales haga una aparición sólida en las universidades. Me refiero al viejo cuento chino de fingir una confrontación entre un mismo grupo para atacar a la población organizada: lo mismo ocurrió en la última embestida de las autoridades de la FFyL por recuperar el auditorio Ché Guevara. Una cosa es cierta: las autoridades han notado una cosa; existen varios grupos que, con bandera de trabajo político, se han acomodado y viven de los changarros que acomodan en las diversas escuelas de la UNAM. Pero esto no quiere decir que todos los grupos que tienen algún proyecto económico vivan de él, por el contrario existen grupos que, por medio de este tipo de proyectos, mantienen el trabajo político que hacen.

A las autoridades les viene bien generalizar a todos y mostrar a los activistas como unos vividores; después articulan a sus grupos cercanos para fingir una confrontación de gente de la comunidad contra los grupos organizados que les son incómodos…

Esta es una política que atacará con todas sus fuerzas a muchas de las gentes que de manera organizada mantienen trabajo político. Siempre habrá un grupo de “tontos útiles” que se preste a desprestigiar a la gente que sí trabaja, no obstante a cambio tendrán que asumir la responsabilidad que tienen por coadyuvar (con o sin intención) a atacar y permitir que, sin ningún costo político, las autoridades desarticulen al movimiento estudiantil. Por eso, ahora más que nunca nuestra capacidad de análisis y reflexión debe estar alerta.

Para cerrar con broche de oro: La despedida de Poiré

 

Como tal vez muchos ya sepan Alejandro Poiré se retira de su cargo como Vocero en Materia de Seguridad para asumir el cargo de Director del CISEN.

Como si no hubiera sido suficiente con la serie de mentiras y verdades a medias que difundió mientras sostuvo ese cargo, el día de hoy, en su discurso de despedida afirmó:

“En la tarea, señor Presidente, bajo su mandato y su guía, dimos espacio a una instancia novedosa de comunicación permanente y con la sociedad. En ella, contamos con la apertura, el respaldo y la crítica de medios de comunicación, analistas, reporteros, comunicadores y ciudadanos interesados.”

Para todos aquellos que lo hayan olvidado, la comunicación implica, necesariamente un emisor y un receptor. También implica un proceso de reciprocidad en el que quien era hablante se vuelve oyente. No obstante si ustedes revisan, Alejandro Poiré inauguró una forma de comunicación en la que la principal característica es el monólogo:

En su blog, en un principio, ni siquiera existía la posibilidad de dejar comentarios; después esta opción fue agregada, pero de ninguna manera se pueden observar otros comentarios. ¿A eso le llamamos comunicación?  Yo he leído y escuchado al señor Poiré,  incluso he criticado y respondido algunos de sus planteamientos, pero nunca me he comunicado con él.

Llamar instancia novedosa de comunicación al uso de tecnologías que desde hace tiempo se utilizan me parece, sinceramente, un discurso ramplón y hueco. Además, el señor Poiré olvida que la mayor parte de nuestra sociedad no tiene acceso al internet, así que su comunicación… en realidad está dirigida tan sólo a una parte de la sociedad.

Por último dónde podemos consultar las críticas de los medios de comunicación, analistas y ciudadanos interesados que tanto aprendizaje brindaron al señor Alejandro Poiré.

Lo que es cierto es que en el trabajo de Poiré pudimos observar la política discursiva del Estado para justificar la guerra que ha desatado en contra de toda la sociedad: para convencernos de que su idea de seguridad y bienestar es la correcta, pero como el sol no puede taparse con un dedo… aún quedan quienes ven que existen muchas anomalías e inconsistencias en la supuesta lucha por la seguridad.

 

“Para matar seis mitos de un tiro” Las mentiras del señor Poiré

En el periodo que abarca de principios de julio a mitad de agosto, Alejandro Poiré publicó en su blog de presidencia seis mitos más (para completar una entrega de diez) que se han creado con respecto a la lucha por la seguridad o guerra contra el narcotráfico. Es necesario advertir que la calidad argumentativa de cada uno de estos mitos deja mucho que desear, no obstante es necesario contestar a ellos, para mostrar nuevamente el uso sistemático de la mentira y el oportunismo discursivo del Estado mexicano.

El quinto mito, de acuerdo con el señor Poiré, es que “El Gobierno Federal favorece a Joaquín “El Chapo” Guzmán y al grupo criminal del Pacífico”. Por segunda vez, el vocero en materia de seguridad tiene razón: el mito es que el Gobierno Federal favorezca al cartel de “El Chapo” Guzmán; la verdad es que no sólo lo favorece, sino que las ligas y lazos que hermanan a importantes figuras del gobierno federal con gente del cártel del Pacífico han obligado a que el Gobierno Federal utilice a las fuerzas armadas para combatir a los cárteles enemigos con el afán de dejar en manos de un solo dueño el inconmensurable negocio de lo ilegal.

Como bien afirma el señor Poiré “Beneficiar a cualquier grupo delictivo, directa o indirectamente, significaría permitir que sus actividades ilegales y violentas queden impunes en detrimento de nuestras familias” que es exactamente lo que el Estado ha hecho con una serie larga de los delitos más graves que ha cometido “El Chapo” Guzmán, lo que explica que, a la fecha, los altos mandos que se vieron involucrados en su fuga de un penal de máxima seguridad sigan libres y sigan, también, vinculados con el cartel.

Para dar “peso” a su argumentación el vocero de seguridad afirma que el cartel del Pacífico ha sufrido grandes golpes  desde la llegada de la administración de Calderón y ejemplifica “Entre los liderazgos fundacionales que han caído destacan Jesús Zambada García, “El Rey”, Vicente Zambada Niebla “El Vicentillo” e Ignacio Coronel Villarreal “Nacho Coronel”. Por otra parte, las detenciones de Teodoro García Simental “El Teo” y José Manuel García Simental “El Chiquilín”, significaron golpes decisivos a la expansión del grupo delictivo del Pacífico en el estado de Baja California. Asimismo, las capturas de varios integrantes de la familia Nava Valencia y del sucesor de “Nacho Coronel”, Martín Beltrán Coronel “El Águila”, debilitaron la posibilidad de una reconstrucción de la organización del Pacífico en los estados de Jalisco, Nayarit y Colima”.

Lo que no explica Poiré es que cada uno de los ejemplos que ha dado son, ni más ni menos, que gente que, efectivamente, trabajó por largo tiempo con el “Chapo” Guzmán, pero que cuando decidió independizarse de su jefazo fueron tildados de traidores y perseguidos por el mismo cartel del pacífico. Lo curioso y sospechoso es que el Gobierno Federal sea tan eficiente para detener, acribillar y eliminar a los enemigos del cartel al que según ellos no favorecen.

¿No me cree’ Dedíquese una tarde a leer las últimas páginas del libro de Anabel Hernández, Los señores del Narco, en ellos enc ontrará la historia de cada uno de los nombre de los que Poiré habla y comprobará que la historia de estos personajes y las turbulentas relaciones que establecieron  con el actual gobierno federal están documentadas.

Sexto mito “Esta lucha es sólo del Presidente Calderón”

Este mito, más que ser un mito parece un chiste barato del señor Poiré, en el que apela, para destruir una de las consignas que enarboló parte de la población descontenta (“No queremos esta guerra”, “Alto a la guerra de Calderón”), a un ultracorreccionismo lingüístico que raya en lo absurdo. Al igual que el pedante que cuando pedimos un vaso de agua nos advierte “te daré uno con agua, porque no tengo vasos de agua” debido a que ignora que es correcto utilizar la preposición de para generar partitivos genitivos con los que indicamos porciones de alimentos y líquidos; de esa misma manera el señor Poiré hace gala de su pedantería y nos dice: “Es una falacia que el Presidente de México haya actuado solo en la decisión de emprender la lucha por la Seguridad”. ¡Cuánta chocantería hay detrás de estas palabras: ya sabemos que la guerra no es sólo de Calderón, pero como sería demasiado largo poner el nombre de todos aquellos que represantan la clase burguesa en el país, hemos optado por el recurso de referirnos a la guerra de Calderón, donde la palabra Calderón no hace sino simbolizar todo aquello que simboliza la imagen del Presidente en la nación: al Estado en su totalidad, a los empresarios, ricachones o burgueses a quienes les conviene esta guerra. Aceptamos que es este un recurso de generalización, pero no puede ser más tramposo que el del propio Calderón quien se atreve a afirmar que todo México (excepto los delincuentes) están de acuerdo con su estrategia de lucha por la seguirdad; también se atreve a generalizar que en los diálogos por la seguridad la raquítica representación de la sociedad civil habló en nombre de todo México.

Disculpe señor Poiré, esas sí son falacias por generalización, la otra es una frase hecha cuyo carácter lingüístico apela no a un argumento falso sino a un recurso simbólico.

Por cierto, dos cosas: la primera de orden semántico, ya que Poiré afirma que “En una democracia como la nuestra, las acciones del Ejecutivo Federal están orientadas a resolver las demandas y expectativas ciudadanas, así como a afrontar los retos que como nación enfrentamos con base en el principio de responsabilidad compartida con los demás poderes y órdenes de gobierno.” Le aclaro al lector que la democracia nunca en su larga vida como palabra ha significado que para resolver las demandas populares el ejecutivo haga lo que se le pegue la gana ni mate a miles de personas, es decir nada más lejano a democracia que aquellas acciones que dizque para resolver las demandas populares benefician a la clase que ostenta el poder.

Y segundo, tal vez el señor Poiré ignore que la palabra presidente tan sólo se escribe con mayúsculas cuando refiere al presidente actual sin que se haga mención de su nombre, así por ejemplo es correcto escribir “El Presidente niega su responsabilidad en el grado de violencia que se ha generado en el país”, ya que como todos saben nos referimos a Felipe Calderón Hinojosa, de la misma manera es correcto decir “El presidente Calderón Hinojosa niega su responsabilidad en el grado de violencia que se ha generado en el país”, pero lo que no es correcto es escribir, como el señor Poiré, “Esta lucha es solamente del Presidente Calderón”. Es este un error grave ya que denota la incapacidad de diferenciar un sustantivo con función plena de uno con función determinativa, lo que incluso el señor Poiré habría aprendido si las reformas en materia de educación no estuvieran dirigidas a convertidos en completos imbéciles.

Séptimo mito  “Es una lucha con la que nadie está de acuerdo”

No se cansa este señor de hacer trampa: nadie ha dicho que sea una lucha con la que nadie está de acuerdo, es más ni siquiera hemos afirmado que sea una guerra con la que nadie está de acuerdo, ya que al menos Calderón y toda la clase a la que representa debe de estarlo (si no ¿para qué la habrían echado a andar?, tampoco es que seamos tan mensos, señor Poiré).

Lo que hemos afirmado es que la estrategia de seguridad del presidente Calderón encarna una guerra con la que está de acuerdo tanto el Estado como la clase en el poder, dicha guerra ha sido diseñada para atacar al pueblo y defender los intereses del capital. Así que no mienta: al tratar de frenar la guerra de Calderón tratamos de frenar una estrategia de una clase que evidentemente está de acuerdo con dicha estrategia, como usted mismo lo ha ejemplificado:

“Distintos líderes sociales se han unido, desde una perspectiva crítica, a la lucha por este anhelo de todos. Algunos de ellos inclusive han sido víctimas de la violencia criminal, como la señora Isabel Miranda de Wallace. Su exigencia de justicia ha sido una motivación permanente para que todas las autoridades demos cumplimiento a nuestras obligaciones.

Líderes empresariales, como el señor Juan Manuel Hernández Niebla, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) en Tijuana, ha reconocido la reducción de la violencia en el municipio, como resultado de la coordinación entre gobiernos federal, estatal y municipal, así como con la sociedad civil. Como resultado de una lucha que todos, ciudadanos y autoridades, han hecho suya. De la que iniciativas sociales como “Tijuana Innovadora”  han dignificado la vida comunitaria.

Asimismo, la Cámara de Industria de Transformación (CAINTRA) y el Consejo Cívico de Instituciones de Nuevo León (CCINLACC)  están convencidos de combatir la criminalidad, fortalecer la denuncia ciudadana y la presencia de la autoridad federal. Una de sus principales exigencias es que las corporaciones locales de seguridad aceleren sus procesos de depuración y certificación.”

Octavo mito “El Gobierno no escucha críticas”

Aquí sí, el señor Poiré ha apuntado un fenómeno real. Solemos afirmar que el Gobierno no escucha críticas, lo que dicho así “a secas” puede resultar una afirmación falsa.

Efectivamente el Gobierno escucha las críticas, las denuncias y los argumentos que hemos lanzado en contra de su estrategia, de hecho les pone mucha atención… lo que no hace el Gobierno es atender e incorporar nuestras críticas en su práctica concreta, porque simplemente las propuestas que aportan nuestras críticas no nutren los intereses de esta guerra.

Es cierto, como dice el señor Poiré que “ La Estrategia Nacional de Seguridad se ha nutrido de la opinión de la madre de familia que ha perdido un hijo al fenómeno de las adicciones, del ciudadano que ha sido víctima del crimen organizado, del dirigente social que desea ver el fin de la impunidad y poder actuar con mayor libertad, del líder empresarial que le interesa un entorno más seguro para sus trabajadores” pero tan sólo lo ha hechop con la finalidad de comerse su discurso e integrarlo al propio discurso oficial.

De ahí que Calderón hubiese cambiado la palabra guerra por la palabra lucha, o que se haya referido a su preocupación por construir , en el país,  “paz con justicia y dignidad” lo que muestra la manera vacía y tramposa en la que incorporan aspectos discursivos de la izquierda para atenuar su discurso de derecha.

De que nos escuchan, nos escuchan, de que nos cumplan e incorporen nuestros comentarios, críticas y observaciones… nada.

Noveno mito  “Sólo se alcanzará la seguridad si se legalizan las drogas”

Al fin encontramos una argumentación coherente en esta entrega de los diez mitos de la lucha por la seguridad: efectivamente como afirma Poiré, legalizar las drogas no implica una solución, ya que deberíamos de legalizar una serie de prácticas no sólo ilegales sino vejatorias para el ser humano como la trata de personas, la venta de órganos, el tráfico de armas etc.

Lo que es necesario aclarar en este punto es que el Gobierno Federal se niega a dicha legalización debido a que es el carácter de ilegal lo que hace que este tipo de actividades genere grandes ganancias, mientras que una parte amplia de la izquierda (que no toda) se opoen a dicha legalización debido a que no es una opción ética que realmente acabe con el problema, sino que por el contrario podría ampliar la práctica de muchos sectores que, al drograse, nutren no sólo la dinámica del negocio de lo ilegal, sino que contribuyen con su apatía e inacción a la estrategia de represión que el Gobierno Federal emprende en contra de la población en general.

Lo curioso es que el señor Calderón no esté de acuerdo con el señor Poiré (lo que sí que me parece grave), ya que mientras Poiré se afaná en mostrar que es un mito que legalizar el consumo de drogas, no sólo en México sino en otros países, seas una solución, Calderón ha afirmado, en su discurso del viernes 26 de agosto del 2011 que  dirigió a toda la nación ante los acontecimientos ocurridos en Monterrey, que: “Si están decididos y resignados [Estadados Unidos] a consumir drogas, busquen, entonces, alternativas de mercado que cancelen las estratosféricas ganancias de los criminales, o establezcan puntos de acceso claros, distintos a la frontera con México. Pero esa situación ya no puede seguir igual”.

Entonces ¿legalizar o no legalizar? Ojalá puedan expresar con claridad cuál es la postura del Gobierno Federal ante este dilema, de lo contrario pensaremos que el reclamo a Estados Unidos y la propuesta implícita de legalizar las drogas que ha hecho Calderón son sólo palabras huecas con el afán de fingir un recriminamiento falso a la nación vecina.

Décimo mito  “México es uno de los páises más violentos del mundo”

De nuevo se encuentra aquí una trampa discursiva: una cosa es establecer si México es o no el país más violento del mundo y otra cosa es que porque no lo sea podamos afirmar que en México no hay tanta violencia. Para revolver ambas ideas, el señor Poiré recurre, como ya es costumbre, al recurso del juego de las cifras, y afirma:

“Como país, a pesar del aumento registrado en los últimos años, mantenemos una tasa de homicidios significativamente menor que la de varios países de la región latinoamericana. Aún frente a aquellas experiencias reconocidas en el ámbito internacional por hacer frente a la criminalidad en beneficio de sus comunidades, como es el caso de Colombia, México tiene una tasa de homicidio claramente inferior. Incluso Brasil tiene una tasa de homicidios similar a la de nuestro país.”

¿O sea que podemos dormir tranquilos? ¿qué intenta decirnos el señor Poiré? …¿que podríamos estar peor?

¡Vaya nivel de argumentación! Si bien puede ser cierto que México no sea el país más violento del mundo, lo que sí es inegable es que la violencia ha crecido de una forma celerísima y que eso debe de preocuparnos, y que es argumento suficiente para que se hagan los señalamientos y las denuncias de los responsables de dicho aumento en la inseguridad.

Así que no se deje convencer : que no seamos los peores en todo el mundo (léase los más jodidos) no implica que no haya elementos para reclamara al Gobierno Federal por su responsabilidad en el aumento de la violencia. De hecho, el razonamiento del señor Poiré implica un  falso silogismo:

Hay países más violentos que México

Algunos afirman que México es uno de los países más violentos del mundo

Luego entonces quienes afirman eso están equivocados y no tienen argumentos

Una cosa más… si fuera  cierto lo que afirma el señor Poiré yo me pregunto ¿Por qué, si México no ha alcanzado los grados de violencia que han alcanzado otros países en América Latina, tenemos que recurrir a medidas mucha más drásticas (estrategia de lucha por la seguridad) que las que se han tomado en otros países? Como que no tiene lógica este argumento.

¿Usted encuentra la lógica? Al primero que lo haga y me lo explique le regalo el último libro de Mario Vargas Llosa

Es así como el señor Poiré cierra su entrega de mitos… con argumentos carentes de lógica, mentiras y razonamientos engañosos ¿Qué clase de nivel de discusión piensa generar así? Ninguno, se trata tan sólo de convencernos, de lograr que abanderemos una guerra que, les aseguro, no es nuestra, por el contrario es una guerra que emprenden en nuestra contra.

No revuelvan las cosas

Para la argumentación de la falsedad del cuarto mito ” la solución a la violencia está en pactar con los criminales”, el señor Poiré revuelve dos ideas con el objetivo de convencernos sólo de una de ellas: nadie necesita convencerse de que no hay que pactar con los criminales, nadie en su sano juicio haría esta propuesta. Es más, los criminales suelen estar tan señalados en una sociedad que no es necesario explicar por qué son malos o por qué no hay que pactar con ellos. ¿A qué viene entonces este cuarto mito? Bueno, es que el señor Poiré aprovecha  el hecho de que cualquiera de por cierto el  hecho de que pactar con los militares no es una salida para pegar ahí otra idea: la de evadir el confrontar al crimen. Y efectivamente confrontar al crimen suena bien; de hecho es el trabajo de las autoridades. No obstante la trampa se oculta en el hecho de que Poiré y todo el Estado en su conjunto postulan que la única forma de confrontar al crimen es la guerra que ellos diseñaron y que ha traído tanto daño para el pueblo en general.

Por asociación de ideas Poiré espera, al revolver las ideas, que todos supongamos que no aceptar la estraegia que ellos ofrecen como la única manera que existen  de enfrentar al crimen (militarización, muerte de civiles etc.) sea equiparado a proponer pactar con los criminales. No nos dejemos engañar: son dos cosas distintas. Una cosa es pactar con los criminales y otra cosa es criticar la inefizar guerra contra el narcotráfico que viola sistemáticamente los derechos humanos.

Además ¿quién es el que en la realidad concreta ha pactado con el narco? Si alguien ya ha revisado el libro de Los señores del narco (que he recomendado una y otra vez) habrá notado que hay grandes funcionarios públicos que dicen combatir al crimen organizado y no estar dispuestos a pactar con ellos aunque en sus actos concretos lo han hecho en varias ocasiones. ¿De qué se trata entonces?

También buscan convencernos citando como ejemplo el caso de Palermo en Italia, cuando el señor Poiré sabe bien que las condiciones contextuales de Italia y México son muy diferentes, de tal suerte que es imposible aplicar como receta lo que se hizo en Italia en otro país cuyas dimensiones, población y características son abismalmente distintas.

Por último bien advierte el señor Poiré que  “Nadie que haya sido víctima de alguno de estos delitos indecibles, estaría dispuesto a pactar con su agresor”, entonces ¿por qué espera que las víctimas de las graves violaciones a los derechos humanos que el Estado ha cometido a través del ejército y sus grupos paramilitares estén dispuestas a pactas con su agresor, el Estado? ¿Por qué espera que las víctimas de las ejecuciones extrajudiciales, de las desapariciones forzadas y la tortura que han cometido los militares que según deben protegernos estemos dispuestas a seguir trabajando con ese ejército que mata y desaparece a civiles?

Es más… ¿por qué espera que estemos dispuestos a pactar con un Estado que permite que esas violaciones a los derechos humanos ocurran mientras pacta con los verdaderos criminales?

Lo que es peor ¿por qué esperan que creamos tantas mentiras?

ya de perdida… ¡que se pongan de acuerdo!

Ni siquiera el señor Poiré tiene claro el tercer mito. ¡Así no se puede informar ni discutir! Si usted se fija, el título del tercer mito que se encuentra en el blog de la presidencia dice “Falso que la presencia de las autoridades detone sistemáticamente la violencia”, mientras que, si usted mira el video, se afirma que el mito es que “la estrategia nacional de seguridad desata la violencia”, y para acabar de revolvernos a todos, el señor Poiré trata de convencernos de la falsedad de dicha violencia afirmando que la neutralización de los líderes criminales no muestra que se aumente la violencia al ejecutarlos, detenerlos o abatirlos. ¡Esto no tiene ni pies ni cabeza!

Así pues comienzo por preguntarme cuál es el mito que buscan desmentir:

1 ¿Que la presencia de las autoridades detona sistemáticamente la violencia?

No recuerdo que nadie haya afirmado algo así, tal vez se ha afirmado que la corrupción de la autoridades, las violaciones a los derechos humanos que cometen y su abuso de autoridad encarnan una política de violencia sistemática.

2 ¿Que la estrategia Nacional de seguridad desata la violencia?

Eso no sólo se ha dicho, sino que ha sido sostenido por varias organizaciones de defensa de derechos humanos

3. ¿Que la captura o ejecución de los criminales desata la violencia?

Habrá que recordarle al señor Poiré que, como el mismo ha afirmado, la captura o ejecución de criminales es apenas un aspecto de la estrategia de seguridad, así que no podemos evaluar si ésta desata o no más violencia partiendo sólo de las cifras que arroja la implementación de uno de sus componentes. Nuevamente han querido engañarnos con la estrategia del juego de cifras.

Me parece que, de todo lo que mencionó el señor Poiré, lo más grave es que nieguen que su estrategia de seguridad desate violencia, así que es en este argumento en el que me voy a centrar.

El primer argumento del vocero consiste en mostrar que los narcotraficantes y los criminales organizados siempre han sido violentos, que dicha violencia estaba presente desde antes, por lo que no es responsabilidad única de la administración de Calderón. Pero lo que sí es responsabilidad de su administración es la escalada de violencia. Si bien es cierto que ya antes se vivía violencia en México, nunca había alcanzado los índices y las cifras que se han observado durante el sexenio de Calderón. Y hasta donde sé, el presidente es responsable de lo que ocurre en el país que gobierna, al menos, durante su administración.

Otra cosa de la que sí es responsable Calderón, es de la larga lista de civiles que han sido asesinados, ejecutados, desaparecidos, torturados o agredidos con cualquier otra violación a los derechos humanos cometida por parte de los militares que él ha despalzado en el territoriso mexicano  (si desea ver esta información documentada consulte el comentario al segundo mito).

El señor Calderón también es responsable de ignorar todas las recomendaciones y advertencias que le han hecho saber que a mayor militarización mayor aumento de violaciones a los derechos humanos y de violencia. No sólo de eso, Calderón es responsable del desempleo, la falta de seguro social, así como la violación sistematica al derecho a la alimentación y a la educación del que somos víctimas gran parte de los habitantes de este país: eso también es violencia. Preponderar con presupuesto y esfuerzo un plan de seguridad nacional en lugar de atender las necesidades básicas para la vida digna de la población es violencia.

Y sí, la estrategia de seguridad desata violencia, una violencia planificada por el mismo Estado para aterrorizar a la población en general. A esa violencia la conocemos como guerra contra el pueblo.

Pero, ¿para qué cansarlos más? Le voy a demostrar al vocero de seguridad del Gobierno de Calderón, que han sido sus propias palabras las que han nutrido la idea (que no el mito) de que su estrategia de seguridad genera más violencia. Basta con que se revisen estas dos notas que me parecen reveladoras.

Los derechos humanos un precio a pagar

Y, aquí, las palabras de García Luna contradiciendo a Poiré

Ya de perdida… ¡que se pongan de acuerdo!

Sí hay violaciones a los derechos humanos, pero nada grave…

El segundo mito respecto a la lucha por la seguridad ha sido resumido en la siguiente frase:

Las fuerzas armadas han suplantado a las policías, y violan sistemáticamente los derechos humanos.

Reside en este punto uno de los cuestionamientos más importantes y vitales para los defensores de derechos humanos. Efectivamente muchas organizaciones de defensa de derechos humanos han mostrado el uso sistemático de las fuerzas armadas para cometer violaciones a los derechos humanos, sin embargo Poiré advierte que no es así. Veamos cómo lo hace (en azul las palabras de Poiré y en negro las mías):

Ni el Ejército ni la Marina Armada de México están suplantando a las corporaciones policiacas. Actualmente los elementos desplegados, en conjunto con la policía federal, apoyan de manera temporal y subsidiaria a las autoridades civiles, y no actúan en solitario. En la medida en que las policías locales avancen en el proceso de profesionalización y certificación serán menos necesarias las Fuerzas Armadas en el combate al crimen organizado.

En realidad el señor Poiré, de nuevo, se ha quedado corto. Con mucha mayor frecuencia se oye hablar de militarización de la vida social, la policía y el territorio, que de suplantación. No obstante hay que admitir que ha tratado de abordar este punto de una manera bastante astuta; opone el significado de dos verbos: suplantar y apoyar.

Mientras que apoyar significa “favorecer, patrocinar y ayudar” (con claro sentido positivo), suplantar refiere a “ocupar con malas artes el lugar de alguien, defraudándole el derecho, empleo o favor que disfrutaba” (con claro sentido negativo).

De acuerdo con el señor Poiré, el ejército, la marina y la policía federal, no hacen sino ayudar y favorecer la actividad de la policía, por acuerdo mutuo y en completa colaboración, mientras las policías locales se capacitan y fortalecen. Hasta aquí, efectivamente, no podríamos hablar de suplantación. Para mostrar la trampa semántica se requiere de mayor información.

Cuando hablamos del inadecuado uso de las fuerzas militares y navales,  nos referimos a una política sistemática por medio de la cual Calderón se ha ocupado, a lo largo de este sexenio, de llenar de militares no sólo el territorio, sino la vida social, por ejemplo:  el 13 de diciembre de 2006 transfirió 10 000 soldados y marinos a la PFP, “se rodeó  de jefes castrenses dispuestos a imponer el ejercicio de la autoridad, entre ellos generales formados en la Escuela de las Américas” ( Rodríguez Castañeda, p. 21), a partir de 2007,  el ejército engullo prcticamente la PGR, y el 9 de mayo de 2007 creó un cuerpo militar de élite conformado por 3 500 efectivos que actúa bajo órdenes directas del mandatario, por mencionar sólo algunos de los ejemplos que muestran que no es necesario que el ejército o la marina suplanten a la policía, basta con que se apoderen, desde dentro, de estas instituciones.

No se ha militarizado la lucha de México por la seguridad ni las Fuerzas Armadas han abandonado los cuarteles para tomar las calles. Actualmente la mayoría de elementos de la SEDENA y la SEMAR no se encuentran asignados a operaciones de combate al crimen organizado.

Por supuesto que se ha militarizado la lucha por la seguridad, no sólo por lo que ya explicamos en el párrafo anterior, sino porque existen cifras que no coinciden (curiosamente) con que afirma Poiré:

De acuerdo con las investigaciones de Milenio, en cuatro años hubo un incremento del 25% en el número de efectivos desplegados en todo el país.

Podemos sumar, a las contundentes cifras, una serie de políticas que buscan fortalecer al ejército, la marina y la fuerza aérea, como ejemplo el aumento de presupuestos.

Independientemente de las cifras, en este caso el señor Poiré ha utilizado la estrategia de la generalización. Es cierto que hemos denunciado la militarización del país. Sin embargo, para mostrar la falsedad de este argumento, al vocero de seguridad tan sólo se le ha ocurrido utilizar la estratagema de la generalización: si el país estuviera militarizado, las fuerzas armadas (todas) estarían en la calle y no en sus cuarteles, donde se encuentra la mayoría, según Poiré. No obstante este argumento tan sólo opaca el reclamo: nadie se ha quejado de que TODOS los soldados estén en las calles, nos quejamos de una política sistemática que consiste en aumentar la presencia militar y fortalecer a los actores de las fuerzas armadas (lo que sigue corriendo aunque no todos estén en las calles).

Las Fuerzas Armadas no violan sistemáticamente los derechos humanos de la sociedad. Los registros son claros al ilustrar que las violaciones que se han registrado son incidentales, se han sancionado, y no son el resultado de una cuestión estructural. Entre la SEDENA y la SEMAR realizaron de 2007 a 2010 en promedio poco más de 1 millón 600 mil servicios por año. En lo que va de la Administración se han registrado 5,369 quejas ante la CNDH, es decir, sólo en el 0.08% de los servicios de las Fuerzas Armadas alguien estimó haber sido víctima de violación de derechos humanos por parte de los militares. Aún más, del total de quejas, la CNDH ha emitido hasta ahora sólo 79 recomendaciones contra la SEDENA y 11 contra la SEMAR. Esto significa que sólo en el 1.7% de las quejas recibidas por la CNDH se ha concluido que hay alguna responsabilidad y culminan en recomendación.

Lo que le interesa al señor Poiré es dejar bien claro que las fuerzas armadas no violan los derechos humanos de manera sistemática; es decir, como política general, sino por situaciones “incidentales” (Dicho de una cosa o de un hecho accesorio, de menor importancia)… Para ello se ha valido de varias trampas discursivas:

  1. Juego de cifras. El afamado teórico crítico del Discusro, Teun Van Dijk, se ha encargado de describir esta estrategia. Se trata de usar cifras que están fuera de contexto, que no reflejan fielmente la realidad o que construyen comparaciones falsas para convencer al escucha. En el caso que nos ocupa debemos hacer notar que:
  •  Todo mundo sabe que en México tanto el número de denuncias como de quejas ante la comisión de derechos humanos (incluida la nacional y las estatales) se encuentra muy por debajo de las cifras reales. Es decir que el señor Poiré trata de convencernos con cifras que él mismo sabe que no reflejan fielmente la realidad. Esto anula la espectacular comparación en la que el funcionario contrasta el número de servicios por año de las fuerzas armadas con el  número de quejas ante la CNDH, ya que es un contraste falso, en el entendido de que, al menos una de esas cifras, no es fiel con la realidad. Lo mismo ocurre con el porcentaje de 0.08% de personas que “estimaron” haber sufrido violaciones a los derechos humanos. Dicho porcentaje se ha sacado, nuevamente, de cifras que no reflejan la realidad
  • La conclusión de que sólo en 1.7% de las quejas recibidas en la CNDH se ha concluido que hay alguna responsabilidad del ejército no muestra, sino que sólo 1.7% de las quejas (no de todas las violaciones que ocurren realmente en el país) han terminado en recomendación.

Otro recurso utilizado es el de la atenuación semántica: por ejemplo cuando dice “alguien estimó haber sido víctima de violaciones a los derechos humanos”, lo que está diciendo es que alguien creyó ser víctima, con lo que descalifica, de entrada, que la violación haya existido. Lo mismo ocurre cuando afirma que las violaciones que ocurren son incidentales; es decir, de menor importancia. ¿Usted cree que una desaparición forzada con tortura (aunque sólo sea una) es cosa de menor importancia?

Además, si lo que dice el señor Poiré es tan cierto debería de explicar por qué existen varias sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el ejército, así como estudios e informes que muestran que, pese a que las cifras no alcencen a reflejarlo con contundencia, hay un patrón y una política sistemática de violaciones a los derechos humanos. De hecho la recomendación preliminar del relator del equipo de trabajo sobre desaparición forzada de la ONU advierte que hay que considerar, en corto plazo, el retiro de las fuerzas militares de las operaciones de seguridad pública, y establecer protocolos para regular el uso de la fuerza como medidas para prevenir la desaparición forzada.

Además, destaca el hecho que las Fuerzas Armadas han recibido estas recomendaciones con un serio compromiso con los derechos humanos y la reparación del daño. Se han aceptado el 96.7% de las recomendaciones y se trabaja intensamente en la capacitación en materia de derechos humanos para todo el personal militar. El 99.1% de los elementos del Ejército y la Fuerza Aérea han recibido capacitación y el 0.9% pendiente corresponde a personal de nuevo ingreso. Mientras que de la Armada de México todo el personal ha participado por lo menos en una ocasión en algún taller, curso o plática sobre derechos humanos, mismos que son permanentes.

Nuevamente utiliza el juego de las cifras: si las recomendaciones son tan pocas, noventa para ser exactos (1.7% de las quejas), ¿por qué no han podido aceptarlas todas? De hecho cumplir el 96.7% de una cifra que apenas representa el 1.7% ¿no es una manera muy tramposa de inflar el trabajo?

Ahora, la capacitación en ningún caso representa garantía de un actuar honesto, porque además (aunque no le guste a Poiré)… nos referimos a violaciones sistemáticas. Si la capacitación es tan exitosa ¿por qué siguen ocurriendo esas violaciones a los derechos humanos? ¿Por qué existen varias recomendaciones de la CoIDH que el Estado mexicano no ha cumplido? ¿por qué siguen presentándose casos como los de Inés Fernández? La explicación que encontramos es que nos encontramos ante una política de violaciones a los derechos humanos.

En definitiva, las Fuerzas Armadas son un motivo de orgullo para todos los mexicanos. Son los mismos elementos que auxilian a la población en casos de desastres naturales.

Ahora sí que  este hombre exageró, yo pensé que sólo era vocero de seguridad, pero resulta que también es vocero del pueblo de México, y puede declarar, sin ningún empacho, que todos nosotros estamos orgullosos del ejército. Nada más falso, al menos yo no estoy orgullosa de las fuerzas militares. Además todos sabemos que los planes de apoyo en desastres naturales no son sino una estrategia para limpiar la imagen de las fuerzas armadas y para acostumbrar a la población a su presencia.

Su labor es servir y proteger, y lo hacen con estricto apego a valores de honor y justicia.

¿Cuál honor, cuál justicia? Habría que explicarle al señor Poiré que es muy tramposo eliminar el argumento de que se ha militarizado el país mostrando que esta es una generalización falsa, para luego usar la misma estrategia cuando a él le conviende. De acuerdo con la teoría del mando superior basta con que un individuo de las fuerzas armadas cometa una violación para que una cadena amplia de las fuerzas armadas (cadena de mando) deba ser juzgadas por su responsabilidad. Si las fuerzas armadas actuaran con estricto apego a los valores de honor y justicia no existirían ni siquiera las incipientes cifras de violaciones a los derechos humanos que Poiré reconoce. Así pues con que uno solo de los integrantes de las fuerzas armadas cometa tan sólo una violación a los derechos humanos es suficiente para hacer notar que la afirmación del señor Poiré es una genaralización falsa.

Las cifras no mienten, no hay violación sistemática de derechos humanos, pongamos las cosas en su justa dimensión. Ello permitirá también ser más eficaces en las sanciones contra quienes han deshonrado a su uniforme y su corporación.

Eso mismo le diría yo al señor Poiré. Si las cifras no mienten y existen, como he demostrado, cifras que se contradicen, alguna de ellas estará mintiendo, pero tiene razón el señor Poiré: no son las cifras las que mienten, son las personas e instituciones quienes, bajo una finalidad específica, inflan o desinflan las cifras de acuerdo a su conveniencia. De hecho le recomendaría al señor Poiré (y a los lectores poco convencidos) que revisen la investigación que coordinó Rafel Rodríguez Castañeda con el equipo de reporteros de Proceso (Los militares. La militarización en el país en el sexenio de Felipe Calderón, 2010). En dicho trabajo se encuentra documentada la impunidad y corrupción de las fuerzas armadas, así como una serie de anomalías que se han presentado en el uso de las fuerzas armadas durante la lucha por la seguridad.

Finalmente me pregunto si con este segundo mito el señor Poiré habrá querido decir que organizaciones tan serias como Amnistía Internacional y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, quienes han mostrado y afirmado que las violaciones de derechos humanos cometidas por las fuerzas armadas son una práctica sistemática, están mintiendo… por que ese sí que es un mito que es necesario desmentir.


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