“Sobre el referir”

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Edward Said: “El retorno a la filología”

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Russell

Strawson

Las falacias más usadas en el discurso de Calderón III (y última parte)

Finalmente, revisaremos las tres falacias a las que más se recurre para defender la estrategia de guerra contra el narcotráfico, mismas que suelen ser las más tramposas de la gama de falacias que hemos visto.

7. “Alerta que no todos los partidos ni los presidenciables tienen el mismo nivel de compromiso en materia de lucha contra el crimen organizado, por lo que a los votantes les corresponde determinar a quién apoyarán.” (El universal, 22 de febrero de 2011).

He ahí la falacia Tu quoque (tu tampoco). Esta falacia trata de argumentar que lo que alega un contrincante es falso tan sólo por el hecho de que él no lo practique o lo haya experimentado. En repetidas ocasiones ante la crítica o de diputados o senadores de otros partidos hacia la estrategia de Calderón, éste ha tratado de invalidar esa crítica al afirmar que ellos no combatieron al crimen organizado o que no hacen nada por combatirlo. Si bien es cierto que las críticas a la estrategia de Calderón se utilizan como campaña propagandística para otros partidos, esto no hace que los argumentos de crítica sean falsos.

8. Las falacias por generalización son también las más usadas por Felipe Calderón. Este tipo de falacias tiene varios subtipos, pero su esencia radica en que a partir de un hecho particular queremos comprobar que ese hecho particular hace la regla.  Las falacias por generalización son las más utilizadas para estigmatizar a ciertos grupos o sectores y, con mucha facilidad, logran instaurarse como lugares comunes del pensamiento social. Tal es el caso de generalizaciones falsas como: todos los defensores de derechos humanos defienden criminales, todos los luchadores sociales son criminales o todos los pobres son rateros. A continuación presento algunos ejemplos de falacias por generalización:

 Por muestra sesgada: Calderón, en sus informes de gobierno suele dar todas las cifras de los delincuentes detenidos, pero nunca ha aclarado qué porcentaje de ese número de detenidos permanecen en calidad de presuntos culpables (lo que quiere decir que aún no se demuestra su culpabilidad). Con este tipo de muestra sesgada de resultados infla los logros de su estrategia.  Algo similar ocurre cuando nos presenta cuántos operativos se han realizado o cuántas armas y drogas se han incautado, pero jamás dice cuántas violaciones a los derechos humanos se han cometido en esos operativos. La muestra sesgada privilegia los resultados que le convienen al argumentante y oculta aquellos que no le convienen.

 Por centro de atención: “El tema del secuestro en el país. Este es, quizá, el delito que más agravia, que más ofende, y que, desde luego, más daña a nuestra sociedad y a los mexicanos” (Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, 26 de noviembre de 2009).

En este caso se supone que la opinión de un grupo o un sector representa el de la mayoría. Así Calderón presenta el tema del secuestro como uno de los que  más agravia a la sociedad, aunque bien podríamos afirmar que el que más agravia a la sociedad es la ineficacia y colusión de las autoridades ante los casos de secuestro. Al afirmar que la mayoría de los mexicanos quieren más seguridad y quieren al ejército en las calles, se comete una falacia de este tipo.

Por generalización apresurada o juego de cifras: “Si reuniéramos la droga que hemos decomisado, nos alcanzaría a darle casi 100 dosis  a cada joven mexicano entre los 15 y los 30 años [sin decir cuánta droga circula realmente]” (Tercer informe de gobierno). “Los delitos que más agravias que son: secuestro y extorsión, independientemente de que el robo sigue siendo el 85% de los delitos en nuestro país [donde se muestra la incongruencia entre el delito más perseguido y el que más ocurre, y se muestra un juego de cifras]” (Tercer informe de gobierno).

El juego de cifras es uno de los recursos más efectistas y alarmistas que se ha utilizado en el discurso. Consiste en decir o hacer gala de cifras que causan cierto impacto, pero que no son puestas en relación con la realidad nacional, de manera que crean la ilusión de mucho avance, sin que necesariamente sea así.

9.  “En el marco del anuncio de su quinto y penúltimo informe de gobierno, el presidente ofreció un discurso en el que admitió que varios lugares del país viven una “dramática situación de inseguridad” y afirmó que de no haber emprendido un combate frontal, se corría el riesgo de que el crimen organizado se apoderara del Estado e incluso lo suplantara.” (adnmundo.com, 2 de septiembre de 2011).

“Poiré puntualizó que de no haber actuado contra la delincuencia, se habría dejado a las familias mexicanas a merced del crimen organizado” (uno noticias, 12 de enero de 2012)

Y…. ¡¡¡ta tan!!! La falacia más usada es la falacia ad baculum o ad consequentiam (apelación al bastón o a la consecuencia). La falacia ad baculum trata de convencernos de que un argumento es válido por medio del miedo que podemos experimentar de las consecuencias de que no sea así. Ésta, como decía, es la favorita de Calderón, quien no se cansa de recordarnos que si no seguimos su estrategia debemos ponernos a temblar por que el caos y la violencia se apoderarán del país (como si no lo hiciera ya, y eso que ha aplicado su estrategia).  Puesto que apela directamente al miedo es esta una de las falacias más efectivas del discurso y, dicho sea de paso, ha sido una de las más utilizadas por los dictadores de todo el mundo.

Así que, no se deje engañar ni aterrorizar: lo que buscan con estos recursos amañados es inmovilizarnos y que nos resignemos a este país violento, saqueado y de miseria que quieren imponernos.

Las falacias más usadas del discurso de Calderón II

Continuemos revisando algunas de las falacias por medio de las cuales intentan convencernos de que la estrategia de lucha por la seguridad es adecuada.

4. “La responsabilidad de la violencia es de los violentos, la responsabilidad del crimen es de los criminales y no de las autoridades que nos decidimos a combatir a esos criminales”. (Centro de exposiciones Banamex, noviembre-diciembre de 2010).

A quien hubiera creído que decir que “la responsabilidad de la violencia es de los violentos” contiene información novedosa y relevante que no hubiéramos podido intuir, le aclaro que este enunciado más que aportar información es un buen ejemplo (pese a lo burdo) de falacia de petitio principii (petición de principio). Este tipo de falacia se caracteriza porque con anterioridad a la conclusión se ha dado la información que se desea concluir (las falacias de este tipo más elaboradas aparecen con otras palabras). Al decir “la responsabilidad de la violencia” ya estamos incluyendo a los violentos de manera que afirmar que es de los violentos es una obviedad que no aporta nada. Esta falacia, por lo tanto, finge ser un razonamiento aunque en el fondo es sólo un pseudorazonamiento. Es una participación que no dice nada, ni siquiera lo hace con estilo y sorna como cuando se cantinflea.

5 A) “mientras otros integrantes del gabinete les reiteraron que las violaciones a los derechos humanos existen en todas partes del mundo como una manera colateral al combate a la delincuencia.” (Vanguardia )

5 B) “Entiendo perfectamente y sé que es la percepción generalizada de que la guerra se va perdiendo. No comparto la afirmación, pero comprendo que es una percepción general que el estado debe combatir”, dijo. “Incluso, el propio término de guerra yo generalmente no lo utilizo, pero aún siendo así, si de guerra habláramos y fuera una guerra de estado con los criminales, la verdad es que, independientemente de que hay actos muy cobardes de ejecuciones y emboscadas a autoridades del Ejército y sobre todo policía Federal, la verdad es que la gran mayoría de los enfrentamientos entre las fuerzas federales y los criminales han sido ganados por elementos federales”

Calderón aseveró que el incremento de la violencia no es indicador para ver si la estrategia contra el crimen avanza o no. Incluso, aunque dijo que el número de homicidios, (28 mil, según el Cisen) es el dato más espectacular e hiriente, tampoco es un termómetro. (El universal, 10 de agosto de 2010)

Esta es una falacia de la relación espuria (nada que ver con el “peje”) o de  non sequitur (no se sigue), pues consiste en adjudicar a una causa un fenómeno, pese a que no necesariamente el fenómeno se sigue de esa causa.  Su modalidad clásica la podemos  encontrar en una declaración reciente de integrantes del gabinete federal (ejemplo 5 a), que trata de presentar el siguiente razonamiento: donde hay combate al crimen organizado, como consecuencia, se presentan violaciones a los derechos humanos. Argumento falso, ya que en otros periodos y en otros países, donde no hubo lucha contra el crimen organizado, se presentaron violaciones a los derechos humanos, e incluso las violaciones a los derechos humanos no son consecuencia inherente e inevitable de la lucha contra el crimen, aunque eso es lo que nos quieren hacer creer.

Otra modalidad de esta falacia non sequitur se puede apreciar en el ejemplo 5b.  Desde mi punto de vista, a primera instancia se ve la incongruencia: Luego de insistir en que el Gobierno Federal atacaba a los violentos que causan violencia y a los criminales que cometen crímenes, Calderón afirma que ni la violencia ni los crímenes son indicadores de que su ataque, guerra o lucha funciona (yo ya no entendí). En este caso no tratan de convencernos de que de una causa se desprende un efecto, sino de que no podemos juzgar un fenómeno de acuerdo a los criterios que se siguen de él; he ahí el elemento que no se sigue.

6. “En un extremo, están quienes han sugerido que la autoridad tendría que recurrir a métodos al filo de la ley e incluso abiertamente ilegales para combatir a la delincuencia; por otra parte, están quienes abogan porque la autoridad se haga de la vista gorda ante ella o, incluso, en el otro extremo quienes de plano proponen establecer un pacto explícito con la delincuencia y convivir con ella.

Ninguna de estas falsas alternativas es éticamente aceptable, ninguna de ellas es legal y ninguna es viable, tampoco, en términos prácticos. Tanto pactar con la delincuencia, como evadirla o combatirla por medios ilegales significaría erosionar los cimientos que nos dan sustento como sociedad, como Estado fundado en el Derecho” (26 de noviembre de 2009, XXVII Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública)”

Finalmente aparece una de las más utilizadas: la falacia de hombre de paja. Esta falacia se construye citando un argumento en contra de la posición que defendemos, el truco reside en el hecho de que el argumento que citamos es tan absurdo o insensato, que luego es muy fácil atacarlo y mostrar que sólo por eso nuestra posición es la correcta. En el ejemplo 6 podemos apreciar los argumentos contrarios a su estrategia de seguridad  que Calderón decide citar tres: el de usar métodos ilegales (¡eso es trampa! Es justo lo que el Gobierno Federal hace), que el Gobierno se haga de la vista gorda (otra vez, es trampa) o que pacten con el narco (¡otra vez… ! la segunda trampa de Calderón es citar alternativas que, según ,rechaza aunque en realidad usan esas tres, pero esa no es falacia, es mentira). ¿Quién en su sano juicio (no vale pensar en el Estado) diría que cualquiera de esas opciones son reales y adecuadas? Nadie, pero eso no hace que la propuesta de Calderón sea la más adecuada, que es lo que trata de mostrar con esta falacia.

Aún quedan algunas de las más tramposas, pero guardémoslas como el postre de estas breves entregas.

Pa´ que no se dejen engañar. Las falacias más usadas en el discurso de Calderón I

Las falacias son argumentos cuyas razones carecen de validez en la argumentación, no obstante aparentan ser razonables y lógicas. Muchas falacias son utilizadas en los anuncios publicitarios y en la política. Su objetivo es tratar de convencernos (con argumentos falsos) de alguna posición en concreto. Las falacias suelen surtir un muy buen efecto, sobre todo cuando deseamos defender o argumentar a favor de posiciones poco defendibles.  Así pues el objetivo final de utilizar las falacias no es convencer de la verdad o de la posición más correcta, sino convencer a toda costa.

A continuación conoceremos algunas de las falacias más comunes y las ejemplificaremos con algunos de los miles de ejemplos que la defensa de la estrategia de guerra contra el narcotráfico de Calderón ha generado; es decir notaremos como las razones con las que nos han intentado convencer de que la estrategia de guerra es correcta se sustentan en puros razonamientos incorrectos.

  1. “La razón principal, la causa principal de nuestro esfuerzo son los ciudadanos, son las familias mexicanas que demandan y con toda razón, un México seguro, un México de paz con justicia duradera” (16 de diciembre de 2011, primera sesión extraordinaria del consejo nacional de seguridad pública)

No hay discurso que verse sobre la seguridad en el que Calderón no repita que todos los mexicanos queremos más seguridad (como si no lo supiéramos), y aunque no lo diga así, lo que trata de decir con esas palabras es que la mayoría pide más seguridad.  He ahí una falacia ad populum (apelación a la mayoría). Dicho tipo de falacias son incorrectas porque el hecho de que la mayoría afirme o pida algo no quiere decir que eso es correcto. La mayoría de las personas afirman que el aguacate es una verdura, pero eso no hace que dicho razonamiento sea cierto; el aguacate es una fruta. De hecho un buen maestro de lógica mostraba la insensatez de apelar a la mayoría con el siguiente razonamiento: A todas las moscas les gusta la caca, luego entonces la caca es sabrosa.

Pero, además debemos decir que Calderón ha agregado un uso muy particular de la falacia ad populum a sus discursos: cada que nos recuerda que las familias mexicanas, el pueblo o todos los ciudadanos demandamos más seguridad parece afirmar, entre líneas,  que nos han dado justo lo que hemos pedido, otro razonamiento falso que apela a la demanda de la mayoría sin especificar cómo exigió la mayoría más seguridad o bajo que características. Es decir, Calderón tan sólo recupera la demanda, pero omite decir que todos demandamos más seguridad pero no demandamos militares y federales en las calles y en la vida social, ni operativos que violen los derechos humanos. Tampoco vayan a creer que es un uso muy original, porque la tradición popular se ha apropiado de este tipo de falacias por medio de los famosos chistes de un “mago gacho” que mal cumple los deseos de sus amos. Como chiste, causa gracia, pero que el político que es la máxima autoridad del país nos salga con eso… no da gracia.

               2. “Creo que un primer paso es no perder las referencias de quienes son no sólo los malos, sino los sanguinarios de la película, y ellos son los criminales.” (5 de agosto de 2010, Dialogo por la seguirdad, Evaluación y fortalecimiento)

“Digo esto, porque en el debate público sobre el tema de la inseguridad se han presentado, y en ocasiones con insistencia, diversas salidas falsas al problema” (26 de noviembre de 2009, XXVII Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública)

Tenemos con nosotros ejemplos de la falacia ad hominem (apelación al hombre). Este truco argumentativo consiste en descalificar a quien da un argumento contrario (a la persona o grupo) por características propias de su persona y no con razonamientos. Es decir en lugar de argumentar contra la posición que cierta persona defiende, atacamos a la persona misma. De seguro la han escuchado cuando el presentador del noticiero estelar de la noche trata de destruir la validez de los argumentos con los que los maestros piden aumento de salario, al afirmar que los maestros son flojos; que sean flojos no quita veracidad al hecho de que los salarios sean raquíticos, pero nos tratan de convencer de que sí, además distraen nuestra atención de la discusión y la centran en una crítica a una de las personas.

Calderón recurre a esta falacia cada vez que se critica o cuestiona su estrategia de seguridad. La primera cita del número 2 muestra cómo Calderón contesta ante las críticas a la forma en que han llevado a cabo su estrategia de seguridad descalificando a quienes lo hacen porque no tienen claro quién es el malo de la película, cómo si eso invalidara la reclamación por las violaciones a los derechos humanos.  En el segundo caso trata de mostrar que el cuestionamiento a su estrategia carece de validez sólo porque las propuestas que dan quienes lo critican son “salidas falsas”. Vamos a suponer que realmente fueran salidas falsas, eso de ninguna manera quita el argumento con el que se cuestiona su estrategia, pero él trata de distraernos descalificando a quienes lo critican como grandes aportadores de salidas falsas.

3. Falacia ad verecundiam (apelación a un veredicto). Este tipo de falacias se utilizan cuando tratan de convencernos de un argumento poniendo a un ícono o símbolo social diciendo eso mismo, partiendo del hecho de que si él lo dice debe ser cierto. Tal es el caso de ciertos comerciales en los que aparece un artista reconocido diciéndonos qué  desodorante usa, cómo si él fuera experto en desodorantes. Dicha falacia no opera si quien da su opinión es un experto en el tema (pero sigue siendo una falacia si sólo usa el producto o dice que lo usa porque le pagan por hacerlo). Si bien Calderón directamente no ha recurrido a esta falacia, se ha usado para defender su estrategia apuntalando en ciertos noticieros, comerciales y programas la opinión de ciertos famosos, de algunos expertos analistas (con los que pasa igual: si les pagan por decirlo, sigue siendo falacia) defendido la estrategia de seguridad de Calderón. Una de las más recurridas es la de citar al ex presidente o presidente de Colombia para afirmar que la estrategia de seguridad es correcta, argumentando que ellos llevan años de experiencia en la lucha contra el crimen (lo que han olvidado decirnos es que llevan años con un país violento que arroja miles de muertos, desplazados, ejecutados extrajudiciales, desaparecidos, etc. Lo que a mi juicio no es ser experto más que en fabricar más violencia).

Por hoy es suficiente (porque lo digo yo, que soy quien publica (falacia ad verecundiam)), ya en la siguiente entrega aprenderemos otras técnicas de convencer sin la verdad.

El mensaje de Calderón: ejemplo del uso incorrecto de la conjunción “y”

A mi parecer, lo único para lo que sirve el mensaje de año nuevo de Felipe Calderón es para recordarnos que no piensa cambiar su estrategia de guerra contra el pueblo. Como plus bien puede ser utilizado para mostrar el mal uso que se puede hacer de la conjunción “y”.

Las conjunciones son categorías sintácticas (aunque algunas veces pueden estar cargadas de algún significado y, por lo tanto, tener una función semántica) que sirven para establecer relaciones entre categorías semánticas semejantes, o bien para establecer relaciones jerárquicas entre construcciones. Por lo tanto funciona como un nexo, no obstante sus funciones son tan usadas en el español que, en realidad, existen muchas excepciones en las reglas que restringen su uso.

Uno de los errores más comunes es el uso de la conjunción “y” es poner comas en donde no deben utilizarse (he aquí tan sólo una de las reglas más importantes para el uso de “y”):

Una coma nunca se pone antes de una conjunción “y” que está enlazando  el último de varios elementos similares.

Es esta última norma la que más problemas ocasiona debido a que no siempre la conjunción “y” se encuentra enlazando elementos similares o construcciones similares, en estos casos el uso de la coma es obligatorio. Tratemos de ilustrar lo dicho con una cita del mensaje de Calderón:

“Mexicanas y mexicanos:

Muy buenas noches.

Me da mucho gusto saludarles en este inicio de año, [1] y en nombre de mi esposa Margarita, [2] y de mis hijos: María, Luis Felipe y Juan Pablo, [3] y en el mío propio, quiero desearles a ustedes y a su familia un muy feliz y próspero 2012.”

La coma que se ha utilizado en el caso [1] es correcta y es un buen ejemplo de cómo se utiliza correctamente la coma antes de la conjunción “y”. De no haber puesto esa coma esa conjunción estaría uniendo “en este inicio de año” (complemento circunstancial de tiempo) y “en nombre de mi esposa” que evidentemente no es un complemento circunstancial de tiempo.

La coma del caso [2] es completamente incorrecta. La conjunción “y” al enlazar elementos iguales tan sólo se utiliza, y siempre sin coma, antes de poner el último elemento. En este caso la conjunción ha sido utilizada para enlazar los elementos en nombre de quien se da el saludo, en este caso sería “mi esposa”, “mis hijos” y “en el mío propio”. Así pues el segundo elemento no tiene que llevar  “y” antes de la expresión “de mis hijos”.

La coma del caso [3] es correcta, pese a que la regla dice que una coma nunca se pone antes de la “y” que introduce el elemento final de una lista de elementos iguales, porque en este caso esa coma no obedece a la enunciación de elementos iguales, sino que separa la especificación de quiénes son los hijos, que es una especie de paréntesis aclarativo en la construcción.

También es importante decir que la abundancia del uso de la conjunción “y” es característica de la lengua hablada (no tanto de la escrita) y del habla popular (por eso los niños, durante el periodo en que se están apropiando de las estructuras narrativas suelen contar de la siguiente manera: “y salimos al recreo y nos peleamos y luego él me pego y llegó la maestra…”). Sinceramente es de extrañar que en un discurso formal aparezcan problemas con el abuso de la conjunción “y”, pero es entendible en tanto Calderón quería darle un “tono” familiar al mensaje, aunque eso no cambie el hecho de que no convence a nadie con sus mentiras.

¿Qué está pasando en la UNAM? Los retos del movimiento estudiantil ante la lógica de guerra

Ante el lamentable asesinato del tesista y activista de la FFyL, Carlos Sinuhé Cuevas, varias organizaciones hemos afirmado que la lógica de guerra del Gobierno Federal ha llegado a la UNAM. Sin embargo, se equivocan aquellos que piensen que dicha lógica ha llegado tan sólo después del 27 de octubre pues la lógica de guerra ha sido implantada desde tiempo atrás, y hoy nos encontramos en un momento en el que se afianza y presenta un avance cualitativo.

Si estamos de acuerdo en esto debemos reconocer que los escenarios y situaciones derivadas de este hecho nos imponen un reto mayor: desentrañar el funcionamiento, los objetivos y las consecuencias de la lógica de guerra. Renunciar al análisis profundo y meditado equivale a correr el riesgo no sólo de dejarnos apabullar por dicha lógica, sino de entrar y formar parte de ella. A causa de esto proponemos el siguiente análisis que de ninguna manera pretende develar completamente toda la verdad, pero intenta aportar elementos y propuestas para el desarrollo de la práctica de las organizaciones estudiantiles y sociales.

La lógica de guerra

 

Con lógica de guerra nos referimos a una serie de suposiciones  que alcanzan el nivel de verdad y que, por tanto, determinan la manera de actuar de las personas en general. La lógica de guerra es una forma de control social, a través de ella el Estado logra crear una serie de situaciones, discursos e ideas que generan  que la gente actúe o deje de actuar de acuerdo con los intereses del Estado. Por medio de la lógica de guerra la gente queda atrapada en medio de una gama restringida de opciones para actuar; de esa gama algunas de las posibilidades quedan plenamente estigmatizadas y otras se hacen pasar por “aceptables”, aunque no lo sean necesariamente.

Lo determinante en la lógica de guerra es que las decisiones de actuación son tomadas en medio de un contexto en el que es la vida la que se encuentra en riesgo y, por lo tanto, el eje que sustenta los actos es el instinto de preservación. La lógica de guerra trata de convencernos de que hay que hacer todo aquello que nos permita sobrevivir, aunque para sobrevivir debamos inmovilizarnos, atacar a otros o dudar de ellos, etc.

La lógica de guerra permite que el Estado genere tal control de la acción social que ésta queda atrapada en medio de un círculo vicioso:

El entorno se muestra violento

Las personas sienten miedo

Se genera la ruptura de las expectativas de vida y de la ideología o las creencias que sustentaban a las personas.

Surge la sensación de confusión y duda. Al dudar de todos y sospechar de todos, la gente rompe los lazos sociales con los que contaba, se desmoviliza y se aísla.

Ante el miedo y la confusión muchas personas exigen más seguridad, lo que es aprovechado por el Estado para seguir justificando sus prácticas violatorias de los derechos humanos.

Con este pretexto, el Estado militariza o inserta operativos en la zona

El entorno se muestra más violento aún

La gente sigue sintiendo miedo o terror

No obstante esta lógica en la que intentan someter a la población en general no es exactamente la misma que intentan insertar en los movimientos sociales organizados.

La lógica de guerra en los movimientos sociales organizados

Los movimientos organizados, por el simple hecho de estarlo y de haber decidido, ante el miedo, el caos o la incertidumbre generada por el Estado, hacer frente a la situación de manera organizada y conjunta son más difíciles de atacar y de controlar.

La lógica de guerra, al tratar de ser implantada en los movimientos sociales organizados busca, al igual que con la población general, obtener el control de estos grupos, pero, en específico, y a diferencia de los objetivos con la población general, busca desarticular, dividir y confundir para que se ataquen entre ellos mismos, para que se descalifiquen entre ellos mismos, para que no logren construir redes de protección y respuesta que los proteja a todos, para inmovilizarlos, interrumpir sus actividades de denuncia y organización, de esta manera el Estado puede ocultar los ataques en contra de la organizaciones y deslindarse de su responsabilidad en esto actos. El objetivo de la lógica de guerra en contra de las organizaciones sociales es generar miedo entre los integrantes del movimiento social, pero sobre todo es desarticular, destruir la posibilidad de solidaridad, de unidad y de organización que pueden construir. El objetivo final es atacar y aniquilar a las organizaciones.

La lógica de guerra pretende ocultar las agresiones del Estado al mismo tiempo que intenta quitar o borra las huellas que puedan mostrar que las organizaciones han sido y siguen siendo atacadas sistemáticamente por su desempeño político.

Ahora bien, tendríamos que aclarar que la lógica de guerra general ya operaba dentro de la UNAM desde hace algún tiempo, por el simple y sencillo hecho de que todos los estudiantes viven y se desenvuelven en el país donde esa lógica está operando: las desapariciones y asesinatos de algunos de los miembros de la comunidad estudiantil son parte de esa lógica y buscan, por medio del terror y la zozobra, controlar y desmovilizar a la comunidad estudiantil en general.

La lógica de guerra ya operaba también en el movimiento estudiantil: la criminalización, la estigmatización y los riesgos que esto conlleva ya eran parte de desempeño de la labor de las organizaciones estudiantiles. De hecho, ya existían rumores y prácticas de descalificación por medio de las cuales se atacaba a algunos de los integrantes del movimiento estudiantil.

Ahora bien, el problema al que nos enfrentamos es que el asesinato de un activista de la FFyL, resultado de la lógica general que ya hemos descrito, será aprovechado por el Estado para consolidar y profundizar la lógica por medio de la cual el Estado intenta desactivar y desarticular al movimiento estudiantil. Es decir aprovechará el clima que se está generando por la dinámica de guerra y violencia para afianzar y profundizar cada una de las dinámicas por medio de las cuales busca golpear al movimiento. Sin embargo, no podemos olvidar o pasar por alto que el Estado no es un ente homogéneo; está compuesto de diversos grupos y cada uno de ellos tiene sus propias lógicas e intereses particulares. De la misma manera las diversas organizaciones que conformamos el movimiento estudiantil y social realizamos diversos trabajos y tenemos diferentes mandatos. Por eso mismo somos atacados con mayor o menor intensidad por diferentes grupos, sectores o cuerpos del Estado, y somos atacados con estrategias distintas también.

En estos momentos, puesto que el Estado aprovechará el clima que se está generando, lo que estamos viendo en escenarios como la UNAM es la combinación de diferentes lógicas represivas funcionando al mismo tiempo, lo que favorece aún más la confusión. No obstante pese a ser lógicas diferentes todas funcionan bajo ejes generales e intentan someternos, por medio de distintas tácticas, en las mismas dinámicas. Y esas dinámicas son las siguientes:

1. El terror por medio del cual buscan orillar, a algunas personas que participan en el movimiento estudiantil, a renunciar a su trabajo debido al temor por su propia seguridad. El ataque en contra de los integrantes del movimiento estudiantil será potenciado (difundido, recordado, repetido una  otra vez) por el Estado como un mensaje de advertencia, un mensaje que nos hará preguntarnos ¿si eso le han hecho a él, qué me harán a mí?, ¿podría ser yo el siguiente?

2. Los rumores son una táctica vieja que ha sido utilizada contra las organizaciones sociales (véase Cerezo, Antonio). El asesinato de uno de los integrantes del movimiento estudiantil será utilizado como un pretexto no sólo para desatar nuevos rumores, sino para seguir repitiendo o profundizando aquellos que ya había logrado infiltrar dentro del movimiento estudiantil. Ante los hechos de violencia, el Estado jamás brindará información clara, sino que infiltrará una serie de rumores: cosas que otros dicen que alguien más dijo, y que creemos aunque no tengamos pruebas, hechos o datos que constaten dicha información. La mayoría de los rumores versan sobre la descalificación o acusación de otros compañeros, casi siempre son aquellos con los que tenemos diferencias políticas. El Estado se aprovecha de una característica general del movimiento estudiantil: las pugnas internas que han sido convertidas en diferencias personales; es mucho más fácil repetir rumores de aquellos con los que políticamente sostenemos diferencias que confrontarlos directamente en espacios dignos de eso y de manera madura. Junto con los rumores aparecen las especulaciones; es decir una serie de cosas que suponemos que son ciertas, pero que en realidad carecen de una base que las sustenten.

3. La idea de caos. Por medio de la negación de información clara junto con la serie de rumores que el Estado echa a andar, los hechos violentos que ocurren parecen no tener conexión, parecen desligados, inconexos, o conectados, pero por causas que no podemos comprender. De tal manera que la realidad se nos muestra como caótica, desordenada, imposible de analizar y entender. Cuando no podemos entender la realidad, muchas de nuestras decisiones se sustentarán en falsedades o en puras apariencias y eso genera que se cometan errores políticos.

4. Confusión significa que  las líneas que dividen los distintos aspectos, cosas o hechos pierden claridad, por lo que los hechos aparecen como mezclados, revueltos y es imposible determinar tanto su naturaleza como sus límites. Ante los rumores, el miedo y el caos somos incapaces de establecer los límites y la naturaleza de las posiciones de los diversos grupos del movimiento estudiantil. Los criterios que nos permitían analizar la realidad se ven cuestionados por el desorden y caos que muestra la realidad.

5. Duda y zozobra. La falta de claridad que nos impide ver los límites  y caracterizaciones, los rumores con los que somos bombardeados y que incluso llegamos a repetir  generan duda en las organizaciones estudiantiles, duda de qué puede o no ser verdad, duda de si los demás mienten o no, duda de si la realidad es lo que aparenta o no. Duda de si aquello que andarán diciendo en contra del compañero será cierto. Y la duda necesariamente implica que pensemos, por extraño que parezca, que la verdad puede ser falsa, porque el objetivo del Estado es romper el principio de veracidad y de juicio con el que tomamos nuestras decisiones políticas. La duda y la zozobra se siembra entre los integrantes del movimiento estudiantil para que no construyan confianza y solidaridad entre ellos.

6. Pérdida de la claridad del enemigo. El caos, la confusión y  la duda buscan que perdamos de vista quién es en realidad el actor que nos ataca, de manera que dejemos de señalar al Estado como culpable y responsable directo de lo que estamos viviendo en la medida en que nos insertamos en las dinámicas de ataques y descalificaciones entre nosotros mismos. Además, al meternos en esta dinámica definitivamente tenemos que dejar de hacer lo que estábamos haciendo, por lo que nuestros trabajos de denuncia, señalamiento, acompañamiento, concientización y organización pierden fuerza, hecho que también es muy conveniente para el Estado.

7. Ataques, amenazas y hostigamientos en contra del movimiento estudiantil y de la población en general. Finalmente el Estado aprovecha cada una de estas dinámicas para generar más ataques, amenazas, seguimientos en contra de las organizaciones del movimiento estudiantil, con lo que renueva el círculo vicioso en el que quiere atraparnos.

Tan sólo pensemos ahora ¿qué pasa cuando combinamos miedo, duda, confusión, caos con las diferencias políticas que ya existían desde antes en el movimiento? Se obtiene el resultado deseado: descalificaciones infundadas, confrontación, calumnias, acusaciones falsas: división y confrontación. Lo que, dicho en otras palabras, significa un movimiento social o estudiantil sin tejido de solidaridad y organización, un movimiento más fácil de atacar.

Estos resultados son benéficos para el Estado sin importar la manera específica en que piense aprovecharlos:

Bien puede ser que decida exacerbar la polarización y la confrontación  hasta lograr aislar a ciertas organizaciones para que, una vez que las agreda la gran mayoría del movimiento guarde silencio o, en el peor de los casos, aplauda. De esta forma logra que el ataque en contra de ciertas organizaciones no le implique la exigencia de justicia y protesta de todo el movimiento estudiantil.

Bien puede ser que el Estado exacerbe la polarización para intentar mostrar los ataques que él mismo comete como ataques que son resultado de peleas internas entre la propia izquierda. Así criminaliza al aparente atacante, golpea al atacado y él se lava las manos.

Bien puede ser que exacerbe la polarización hasta lograr que verdaderamente nos ataquemos unos a otros, promovidos, claro está por una serie de actores infiltrados en el movimiento estudiantil que enarbolan las formas y los métodos del Estado.

Sea cual sea el escenario que enfrentaremos, es evidente que el Estado está preparando el clima necesario para disminuir el costo político ante los ataques en contra del movimiento estudiantil.

¿Cómo desarticular esta lógica?

  1. Romper de inmediato la dinámica del rumor: buscar a las fuentes de lo que se dice; evitar  repetir lo que dicen que dijeron, consultar con personas que tengan la información de primera mano para cotejar la información,
  2. Cotejar lo que se dice con los hechos.
  3. No perder de vista que el responsable de la violencia que estamos padeciendo es el Estado, considerar que es más importante deslindar responsabilidades en contra de los integrantes del movimiento estudiantil equivale a perder de vista que quien desea desarticularnos es el Estado.
  4. Evitar a toda costa promover los métodos y formas que son propias del Estado, así como evitar repetir el discurso del Estado.
  5. Analizar profundamente los hechos, ser cuidadosos y cautos en nuestras conclusiones, no debemos olvidar que nos moveremos en medio de un clima de confusión.
  6. Saber cómo tratar y manejar las diferencias políticas. No podemos hacer de esas diferencias la contradicción fundamental de nuestra práctica, no podemos justificar bajo esas diferencias el ataque en contra de otros compañeros.

Finalmente es cierto que seguirán existiendo actores dentro del movimiento que, por falta de análisis, por oportunismo político o por otras razones favorezcan la dinámica que intenta implantar el Estado, y es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros hacer notar lo inadecuado de esos hechos, así como frenar y corregir esas prácticas. Tenemos que descubrir los métodos y los espacios adecuados para hacerlo, pero si ni siquiera lo intentamos el costo que enfrentaremos será igual para todos.

Bibliografía

Cerezo, Antonio, “Las diferencias y las contradicciones entre las organizaciones sociales, y la labor del Estado para agudizarlas”, Revista Revuelta consultado en

http://www.revistarevuelta.org/index.php/2010/09/las-diferencias-y-las-contradicciones-entre-las-organizaciones-sociales-y-la-labor-del-estado-para-agudizarlas/

PD. Gracias al Rojo, que corrigió unos dedazos

El Gobierno Federal y la “neolengua”

“Lo que no puedes ni ver… en tu casa lo has de tener”

¿Qué habría pensado George Orwell si hubiera podido darse cuenta de las similitudes de las sociedades capitalistas con la sociedad de su novela, 1984?

Lo digo porque las tres máximas del Partido me hacen pensar, necesariamente, en México:

  1. La guerra es la paz. ¿No es acaso el argumento por medio del cual Calderón ha tratado de convencernos de que es sólo por medio de esta guerra que ha arrojado, por lo menos, 50 000 muertos que lograremos la tan ansiada paz social?, aunque nadie sepa con claridad cómo es que eso ha de ocurrir.
  2. La esclavitud es la libertad.  Lo que me hace pensar en la “libertad capitalista” que tan sólo consiste en tener la libertad de decidir si uno quiere morir de hambre por no trabajar o si quiere morir de hambre con la pequeña ventaja de poder elegir en qué trabajo nos esclavizaremos, mientras, igual, morimos de hambre.

Es evidente que con esta frase Orwell intentó hacer una fuerte crítica a la URSS, para la que, como para cualquier sistema socialista, la libertad no es sinónimo de libertinaje, sino de reconocer las necesidades sociales y determinar los actos individuales de acuerdo con esas necesidades, lo que, es entendible, escandalizó la moral pequeño burguesa y burguesa que cree que, por el hecho de acumular todo el dinero del mundo, pueden hacer lo que “se les hinche su gana”, diría mi abuela.

  1. La ignorancia es la sabiduría. ¿Cómo les quedó el ojo? Resulta que, aunque nosotros lo ignoráramos (lo que nos hace muy sabios), las reformas a la educación que ha promovido la SEP no buscan hacer imbéciles a los niños, sino aumentar su sabiduría… y nosotros tan mal pensados.

Es increíble ver como todo aquello que les escandalizó de las sociedades socialistas a los nobles capitalistas se encuentra exacerbado en sus sociedades. Aún más inverosímil me parece que el lector crítico no soporte la sociedad de 1984, aunque sea capaz de tolerar, en la vida real, la sociedad actual.

Esta mañana me acordé de la obra de Orwell luego de haber decidido ponerme una blusa café que hiciera juego con mi pantalón del mismo color. Segundos después temí ser “esfumada” por el Ministerio de la Verdad, pues había cometido una falta a la neolengua que desean imponernos: tal vez debí haber dicho que escogería una blusa “cafá” para mi pantalón café.  Supongo que el uso sexista de la lengua es un crimen grave, así que, para reivindicarme, escribí esta nota por la madrugada.

No cabe duda de que el Gobierno Federal leyó a Orwell, y lo que es peor: se convenció de los principios de la neolengua, que parten del principio, errado en absoluto, de que el discurso es praxis.

Según los personajes, doctos en neolengua, de la novela, si una palabra no existe, no podrá ser pensada o practicada por quienes no la hablan. Es cierto que el lenguaje es el vehículo del pensamiento, pero eso no quiere decir que, si no hay una palabra, no podamos pensar en su concepto (por ejemplo, los sordomudos pueden construir conceptos mentales). Total que a Calderón lo convenció el argumentito (que no es más que puro sentido común exacerbado ante la necesidad de criticar a Stalin), de ahí que supusiera que bastaba con que eliminara la palabra guerra de su discurso para evitar que fuera criticado. ¡Como si el lenguaje no fuera, además de una práctica social, un reflejo de la realidad, y no al revés!

Resulta, señoras y “señoros”, que si usted y yo evitamos reproducir expresiones sexistas y machistas en el lenguaje, esta sociedad será mágicamente trans-for-ma-da. Se acabará el machismo como práctica social por el simple hecho de decir jueza en lugar de la juez; dejarán de cometer feminicidios, si evitamos esa horrible expresión de “le presento a mi mujer”; dejarán de encarcelar mujeres por haber abortado tan sólo por el hecho de que usted diga amigas y amigos, periodistas y “periodistos”, miembros y “miembras”…

Resulta ser, hasta donde la lingüística ha podido averiguar, que cambiar el lenguaje no cambia la realidad. Muchas sociedades han creado eufemismos para referirse a una serie de cosas, sentimientos, prácticas, actitudes, hechos, etc, que son tabú. Que digamos “estiró la pata”, en lugar de se murió, no cambia el hecho: la gente igual se muere. Que digamos personas en plenitud no cambia el hecho: igual los viejos siguen siendo vilipendiados y arrojados a las calles como resultado de un sistema económico para el que toda persona no activa económicamente es un estorbo. Que digamos lucha por la seguridad o guerra contra el narco no cambia las cifras de muertos.

El lenguaje cambia por sí mismo si las prácticas sociales y la realidad concreta cambian, no al revés. Pero, seguramente, a muy pocos se nos ocurre la “estúpida” idea de transformar las prácticas reales en lugar del lenguaje.

Pero, si no logro convencerlo, o si logro convencerlo y aún teme cometer un crimen lingüístico por no incluir a ambos sexos (lo que, evidentemente, es más grave que permitir que, en la práctica, ocurran los feminicidios), por favor, por amor de Dios y de Diosa evite los siguientes errores.

a)      Evite hacer este tipo de abreviaciones, que son una aportación de Fox al mundo:

Las y los mexicanos

Ya que en realidad, ahí lo que dice es las mexicanos y los mexicanos, lo que, evidentemente, implica un grave error de concordancia.

b)      Evite, a toda costa (y a todo costo), tratar de aplicar el género femenino a palabras que, en realidad, son de género neutro (herencia de los latinos). Es incorrecto decir jefa, ya que jefe, por su terminación en e indica género neutro, por lo que se puede aplicar a ambos géneros sin que eso implique ignorar a uno de ambos. Lo mismo ocurre con juez, estudiante, detective y una larga lista de palabras.

c)      Evite ponerse a favor del Gobierno Federal al pensar que expresiones como mi mujer, mi chaparrita, mi hermana… son sexistas. En el español, sobre todo en el de México, este tipo de posesivo indica cercanía y cariño, no posesión material y mucho menos sexismo. O sea equitativo (ya que está de moda) y deje de decir mi esposo, mi hijo, etc.

d)     Reflexione seriamente sobre el hecho de que las mujeres tengan (si seguimos aplaudiendo políticas estúpidas, que no llevan a ningún lado más, que a crear una “careta” de democracia y respeto que no existe) que decir mi “parejo” (en lugar de mi pareja) o que los hombres se molesten porque humanidad no contempla su género (así como los hombres, como genérico, no contempla a las mujeres).

No cabe duda de que la sabiduría popular se impone: bien se lo hubiera dicho mi abuela a Orwell, si lo hubiera conocido; luego de un té aromático le habría sentenciado: lo que no puedes ni ver, en tu casa lo has de tener.

Bibliografía

Orwell, George, 1984, Destino: Barcelona, 2009.

Manual para el uso no sexista del lenguaje

 

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